
Una de las obras que más llamaba la atención, por lo impactante de su iconografía, mostraba a Santa Lucía sosteniendo en su mano derecha una bandeja con dos ojos arrancados, vestidos con sus correspondientes párpados abiertos, distanciados el uno del otro como en una cara de mirada frontal. Una espada le traspasaba el cuello a la santa. Al recordar esta obra, de inmediato pensé en el hombre tras el tablón rectangular, en la parte inferior izquierda del panel derecho de El jardín de las delicias. Y allí lo vi, indiferente, con los ojos vendados y la espada decapitándole por la nuca. ¿Por qué llevaría ese hombre los ojos vendados? Al fijarme de nuevo en la escena tuve una corazonada: «Los ojos ven dados», pensé. El Bosco parecía haber dispuesto las armas blancas y los dados, en esa esquina del panel, con el fin de sugerir un círculo vicioso, trágico y sin fin: pintó los dados en el cuadrante noreste; y las armas blancas, en los otros tres cuartos del círculo. Los juegos de apuestas son como espadas infernales que se clavan en el corazón del hombre y se lo arrancan. Así lo pintó el Bosco, con dos espadas orientadas como los dos gigantescos cuchillos. El hombre que juega pierde una mano tras otra, hasta acabar perdiendo la cabeza, e incluso el alma. Los corazones y tréboles de una baraja son la antítesis del amor y de la Santísima Trinidad; transforman la vida en muerte, en gigantesca calavera; transforman en árbol seco y

podrido la naturaleza divina del verde trébol. Al árbol, como al niño, hay que enderezarlo de pequeño 1570. 1570 abc google larazon Mateo 20, 25-28 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Marcos 9, 35 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Marcos 10, 42-45 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Juan 12, 23-33 vatican:[español latín] latinvulgate biblos