
bosques y montañas, y un castillo en el centro, ante el mar, y una lejana ciudad a la izquierda. CAPÍTULO VI En el capítulo seis 1535, el Cordero abría seis de los siete sellos, uno a uno. Con cada uno de los cuatro primeros sellos aparecía en el cielo uno de los cuatro jinetes del Apocalipsis, que descendían a la tierra para cumplir con su fatal misión, momento que Durero reflejaba en su cuarto grabado 1536. Los cuatro jinetes cabalgaban de izquierda a derecha, aplastando a las personas. 1535 Apocalipsis 6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 1536 Die vier Apokalyptischen Reiter de Apocalipsis cum figuris (1498), de Albrecht Dürer, Kunsthalle zu Kiel (1926-SHKV 64), Kiel. kunsthalle-kiel museen-sh musenor google:traductor Según el texto del Apocalipsis, el primer jinete portaba un arco, recibía una corona y salía triunfante. El segundo recibía una espada y el poder de desterrar la paz de la tierra, para que los hombres se mataran entre sí. El tercero portaba una balanza en su mano, y una voz hablaba de vender una ración de trigo por un denario, y tres raciones de cebada por un denario, y no echar a perder el aceite y el vino. Y el cuarto se llamaba Muerte, y el Infierno .o Hades. le seguía. En el grabado de Durero, los jinetes parecían simbolizar poderes que aplastaban al ser humano: los tres primeros bien podrían encarnar la política,

el ejército y la justicia .en el comercio., que aparecerían tras el carro de heno, en El carro de heno, del Bosco; el cuarto encarnaba a la Muerte, seguida del Infierno, destino del carro de heno. En la xilografía, el primer jinete aparecía al fondo a la derecha, a mitad de altura, con su arco y su flecha. El segundo, a la derecha del anterior y un poco más retrasado, alzaba desafiante la espada, en su mano derecha. El tercero, a la derecha del anterior y un poco más retrasado, portaba como arma su balanza. Los tres jinetes eran hombres adultos, de buena apariencia; y montaban caballos de la mejor raza. El cuarto jinete era la excepción, en todos los aspectos. El jinete llamado Muerte, situado un cuerpo más abajo que los otros, y un poco más retrasado, era un famélico anciano, todo huesos, enloquecido por la ira; y su arma era el tridente que sostenía entre sus manos, orientado hacia atrás; y montaba un jumento desnutrido y colérico, pariente más de Rocinante que de Babieca. Junto a él, a su derecha, en la esquina inferior izquierda, Durero dibujó la gigantesca cabeza de una bestia animal, el Infierno, que abría su enorme boca para engullir a un aterrorizado y coronado anciano, caído al suelo bajo el rocín de la Muerte. En lo alto del grabado, un ángel desplegaba sus alas en el cielo y bendecía la escena con su mano derecha. Y que me aspen si toda la imagen no sugería un busto de perfil, de cuerpo en tierra y cabeza