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hacia arriba, sugería claramente con su postura una crucifixión. Bajo él, en la oscuridad tras el arpa y el laúd, se apiñaban hombres terriblemente asustados; y también se veían algunas bestias. A la derecha del arpa y el laúd había otro instrumento, de madera clara, también posicionado en vertical, y tan desproporcionadamente grande como sus vecinos. Por lo que oí comentar a unas personas a mi lado, el instrumento era una zanfonía .o sinfonía., pues perfectamente se distinguían la caja que alberga las cuerdas, el teclado que las presiona y acorta su longitud vibrante, y la rueda oculta, impregnada en resina, que al hacerse girar con el manubrio frota las cuerdas, produciendo la vibración y el sonido. Sin duda, al Prado .jardín de artísticas delicias. acudía gente muy bien formada. En lo más alto de la zanfonía había dos hombres desnudos, uno de ellos agachado, en posición fetal, el otro tumbado boca abajo, los dos orientados hacia la derecha. El hombre agachado sostenía en equilibrio, sobre su columna vertebral, un enorme huevo blanco. El hombre tumbado, delante del anterior, levantaba su torso y se giraba hacia fuera, con el brazo derecho extendido hacia atrás, agarrando el manubrio, y sus ojos ciegos orientados en esa dirección, y el codo izquierdo apoyado en la zanfonía, sujetando con esa mano un cuenco del que pendía por un

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hilo un pequeño objeto circular o esférico. Oí decir que aquel hombre era un mendigo, por lo del cuenco, y porque el instrumento .la zanfonía. también les era propio en aquella época. A los pies de la zanfonía, a mano derecha, una bestia antropomorfa, con cabeza de jabalí enrabietado, golpeaba con una maza un bombo azul: una pequeña ventana hecha en el bombo dejaba ver la cara del hombre encerrado en su interior, que sufría estoicamente los zambombazos.

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