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enseguida volvió a tirar de la correa del bolso, arrastrando con ella a Marianne. Aceleré el paso. Cuando estaba a unos diez metros volví a gritar y el hombre miró de nuevo; y al ver que me iba a echar encima suya desistió de su empeño, empujó a Marianne y salió corriendo calle arriba. Corrí tras él sólo unos metros; porque enseguida me di la vuelta y fui a atender a Marianne, que había quedado tendida en el suelo. .¿Estás bien? .Sí… .dijo un tanto confusa llevándose la mano al cuello con un gesto de dolor. Al mirarme quedó pensativa. .¿No eres tú…? .Sí, el de la biblioteca. He salido justo después de ti. Estaba a unos treinta metros cuando he visto que intentaban robarte. .Gracias a Dios que estabas ahí. La ayudé a levantarse. La seriedad de su rostro aún reflejaba la tensión del momento. .¿Quieres que llame a la policía? .le dije. .No, no es necesario, ya estoy bien. Marianne inspeccionó el bolso. Sacó un pequeño ordenador portátil, lo abrió y pulsó el botón de encendido; y al comprobar que el forcejeo no lo había dañado suspiró aliviada. .¿Te traigo algo, una botella de agua, un refresco?

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.No es necesario, gracias. Ya me encuentro mejor .dijo mientras se sacudía con las manos el pantalón vaquero. .Si te apetece sentarte un poco podemos entrar en algún sitio. .Te lo agradezco, pero ahora no puedo. He quedado y voy con el tiempo justo. .¿Quieres que te acompañe? .Sí, por favor, no sea que a ese insensato le dé por reaparecer. .¿Adónde vas? .Hacia la calle Cervantes. Muy cerca de aquí. Junto a Neptuno. ¿Seguro que no es molestia? .En absoluto. Me viene de camino. Voy al Museo del Prado. Cruzamos la calle de Atocha y subimos por el paseo del Prado. En apenas un minuto volvió la alegría a su mirada. Hablamos de Picasso, de algunas de mis extrañas conjeturas sobre el Guernica, y de mi recién nacido interés por la obra del pintor malagueño. El interés de Marianne por Picasso le venía de familia. .Lo de mi padre con Picasso es una obsesión .dijo Marianne.. Colecciona reproducciones de sus obras como quien colecciona sellos. Cuando vivíamos en París llegué a perder la cuenta de las veces que visitó el Museo Picasso. .¿Has vivido en París? .Seis años, los que mi padre pasó como agregado cultural en la embajada americana

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