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Resurrección trascendía el tiempo de la propia obra al asociarse no con la imagen sino con el tiempo, Dios mediante. Mientras que Roger van der Weyden se sirvió de los evangelistas con sus dichos, Picasso utilizó la metáfora de un país que retornaba a la vida democrática. Por eso Picasso insistió en que el cuadro debía regresar a España una vez volviera la democracia. El Guernica presagiaba la unidad de España frente a la desunión y a los conflictos entre las regiones que la conformaban. «Juntos saldremos adelante», parecía afirmar Picasso. El Guernica llamaba a la reconciliación. Me resultó llamativo que no existiera un contrario evidente en el cuadro. No se mostraba de forma intuitiva quién había causado todo aquel dolor, quién era el responsable de todo aquel sufrimiento. El cuadro, a primera vista, se centraba en mostrar la desolación posterior al enfrentamiento sin incluir de forma expresa a los causantes de la masacre. Por eso la escena lograba inspirar tanto horror como compasión. Por eso lograba minimizar el sentimiento de venganza, que surgiría de forma natural de aparecer en la escena los responsables de la tragedia. Picasso parecía querer evitar a toda costa la venganza, la confrontación; de ahí que no incluyera a los culpables. Su obra era arte; y el arte era una víctima más del conflicto. Y como tal nos la presentaba.

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Cuando se le pregunta a un artista por el significado de alguna de sus obras, es comprensible que el artista sólo lo indique de forma superficial o genérica. Una obra compleja, rica en matices, ambigua, camaleónica, en la que se fundan múltiples relaciones y referencias, en la que un gran número de interpretaciones se combinen amplificándose entre ellas, en la que el contenido y su significación se transformen misteriosamente con cada paso creativo, en la que el artista se deje llevar incluso por la intuición o el sentimiento o lo puramente visual e irracional, una obra así necesitaría tanto esfuerzo lingüístico para ser descrita que es comprensible que el artista rehúse dar explicaciones. Por eso el pintor pinta y no escribe; porque encuentra que la pintura es el medio que mejor le permite expresar sus ideas y sentimientos. Esta es la razón de ser de la pintura. No se trata de explicar una expresión en un rostro recurriendo al formato lineal y monocromo de la palabra escrita, sino de pintarla, de darle con la pintura todos los matices que se desea que tenga. Evidentemente, también se puede proceder así con las palabras, y el resultado sería un poema o una novela. Pero Picasso, cuando pintaba, era un pintor; y tenía toda la razón cuando decía que de querer explicar su obra no la hubiera pintado sino descrito con palabras.

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