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Una vez más, Picasso logró un simbolismo perfecto: logró que, en un segundo nivel de significación, cualquiera que viera la cabeza y los dos brazos los asociara intuitivamente a una misma persona, para con ello amplificar el simbolismo en el tercer nivel, donde ese ser representaría a una sola España. En el segundo nivel, el brazo separado de su cuerpo evocaba las atrocidades propias de las guerras. Picasso recurría a esa representación no por simples razones estéticas, no solo buscando impresionar con su crudeza; lo hacía también con el propósito de representar la división en dos de España. Todo en el cuadro tenía su porqué. La significación bélica del segundo nivel convertía al personaje en el suelo en un guerrero. Al ver el brazo separado del cuerpo y la mano aferrada a la espada, el espectador tendía intuitivamente a identificar al personaje de esta manera, como un guerrero que moría luchando por defender unos nobles ideales: la nobleza la sugería el hecho de que el resto de personajes en la escena parecían sentir esa muerte. Si bien se podría identificar al guerrero como perteneciente a uno de los dos bandos en conflicto, particularmente al bando derrotado, se hacía factible, por ser el simbolismo del sufrimiento de carácter universal, su identificación con un guerrero genérico, de cualquier bando. En el caso de relacionar el Guernica con el Altar Columba,