
GASTRONOMÍA Un multimillonario americano hecho a sí mismo rompe a llorar en un famoso restaurante madrileño tres estrellas Michelín al traerle los platos recuerdos de su infancia, pero no por los colores, los aromas, las texturas o los sabores, sino por lo minúsculo de la ración y su mayúsculo precio, según ha comentado a la salida del local. «Es que yo de niño fui muy pobre», ha dicho.

El deseo físico de devorar a la pareja convertía a Nu couché en un fervoroso bodegón sexual: menta y frambuesa de ostras, irradiación de mantequilla sobre sesos en su tinta, menestra de texturas, polla al ajoblanco, huevos rotos y caviar sobre esencia de patatas fritas a la paja, pezones escarchados, lengua de frutas silvestres. «¡Qué comida!», piensa el que come, así como la comida. Una línea vertical hacía explícito el motivo culinario al partir en dos el gigantesco Sol sobre el cielo blanco, visible a través de la ventana, en la esquina superior derecha. El mismo propósito parecía tener una segunda línea, ahora oblicua, que partía desde donde la otra, desde lo alto, sobre el Sol, y descendía hasta tocar tangencialmente los verdosos glúteos de la mujer .de pierna y vientre como de gigantesco espermatozoide que la penetraba hasta el vientre, donde aparecía su cabeza (2), de ojo en el ombligo y boca cerrada en la vagina.. El Sol se rompía los huevos dando placer a la bañista, en la cala, junto al mar .cala-mar.. El hombre se rompía los huevos dando placer a la mujer; y la mujer se partía las tetas, dando placer a la mujer: el ojo (3) se cerraba de placer en la vagina, oído al ombligo, nariz y boca en la hoja; y cerraba su boca (4) en la vagina, bajo sus ojos y nariz verdosos. El artista se rompía los huevos dando placer a su modelo; se exprimía los sesos para engendrar una obra digna de ser contemplada,