
.Entonces voy a buscar algunos datos en Internet. . Muy bien. Si tuvieras algún problema con el acceso me lo dices. La bibliotecaria retornó a su trabajo y yo me dirigí hacia uno de los ordenadores, situado al fondo, el más cercano a la zona de la letra «P». Desde allí me conecté a Google y lancé una búsqueda por «masacre de los inocentes». El buscador retornó como resultado una lista con las diez primeras referencias. Tras pinchar con el ratón en la primera de todas ellas, la pantalla se llenó con una imagen que me dejó atónito. Era un cuadro de Nicolás Poussin, La masacre de los inocentes 1291, pintado hacia 1629. La composición de la desgarradora escena .en la que un miserable, espada en alto, a punto estaba de matar al niño al que ahogaba con su pie derecho, mientras la madre del pequeño, desesperada, se desvivía intentando evitar la tragedia. me remitió de inmediato al Guernica, a la mujer con el niño en brazos, a la figura femenina entre las patas del toro, a las horrorizadas cabezas femeninas orientadas hacia el cielo, al largo brazo en la ventana, a los brazos en alto de la mujer de la derecha, a la cabeza y brazos del hombre en el 1291 Le massacre des innocents (hacia 1625-1629), de Nicolas Poussin (Les Andelys, 1594 R Roma, 1665), Musée Condé (PE 305), Chantilly. chateau de chantilly joconde:[image] google:traductor

suelo, a la espada en su mano, a la cruz sobre su brazo… Y es que Picasso parecía haber reinterpretado esta obra en el Guernica, donde el hombre y el niño de la obra de Poussin intercambiaban sus papeles, lo que a su vez incidía en la identificación del hombre con el niño, e incluso continuaba el relato de La masacre de los inocentes hasta llevarlo a su más trágico final, a un final en el que el miserable, tras matar al niño, era luego descuartizado vivo, como castigo. De esta perspectiva, el hombre en el suelo del Guernica adquiría una doble identidad, una dualidad perfecta: por un lado, se erigía en modélico padre de familia, que moría defendiendo a su hijo; y por otro, se erigía en el más cruel e infame de los infanticidas, justamente ajusticiado. El bien y el mal compartían una misma imagen, una imagen cuántica, un qubit 1292 visual que no quedaba definido hasta asociarle un relato concreto. El hombre en el suelo del Guernica, que a primera vista parecía una de las víctimas, también era, desde esta nueva perspectiva, culpable de la matanza. La inevitable pregunta que surgía al contemplar el Guernica, «¿dónde está el agresor?», quedaba así resuelta: depende del relato. 1292 wiki La relación visual y temática entre La masacre de los inocentes y el Guernica me pareció tan