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impresión de estar avisando a la cabeza (53) de otro peligro que se cernía sobre ella, encarnado en un pequeño reptil que por allí andaba; hacia ambos dirigía el ojo (53) su mirada. La boca de la cabeza (53) se sugería con un pequeño orificio en el cenit del pétreo arco de la puerta del paraíso, en la unión con la base de la masa rocosa que hacía de cabeza (53). Todo apuntaba a que esta boca le servía de refugio y nido al pequeño reptil hacia el que miraba con preocupación el globo ocular derecho de la cabeza (53), y hacia donde también miraba asustado ese mismo globo ocular, ahora de la cabeza del caracol (50): las dos cabezas (50 y 53) eran, en este sentido, fotogramas de una misma secuencia. De hecho, el Bosco sorprendía con otro fotograma más, pues los mismos ojos también miraban hacia arriba .cabeza (54)., hacia Dios Padre. Incluso la sombra bajo el fruto esférico sugiere que el ojo está cerrado y acompaña al otro en su sueño .cabeza (55)., en otro fotograma más de la secuencia; el ojo miraba incluso de perfil, hacia la izquierda .su derecha. y hacia abajo .hacia su barriga embarazada, donde descansaba el pequeño reptil; cabeza (56)., y hacia arriba .cabeza (57).. Y el otro ojo también miraba de perfil, hacia la derecha y hacia abajo .cabeza (58); la pupila se unía en línea recta a la de otro pequeño reptil, quizá consorte del primero, situado al otro lado de arco, y llegaba hasta la hoja con la que Adán se

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cubría los genitales., y hacia arriba .cabeza (59).. La cabeza podía suponerse incluso vuelta del revés .cabeza(60).: la rama que se curvaba y el enorme rabo rojo de la pera rosa .Dios Padre, justo encima, vestía corona roja y capa rosa. daban forma a este gigantesco y surrealista ojo que todo lo quería ver, desorbitado ahora de incredulidad al contemplar la escena de la tentación, en el panel izquierdo, y sus consecuencias, en los otros dos paneles. Y aún tenía más ojos esta cabeza, como los dos ojos cerrados en el verde .cabeza (61)., tras los dos ojos en los frutos. Ojos, ojos y más ojos. El Bosco volvía a superarse a sí mismo. Es la mirada del espectador la que, al centrarse en cada uno de los elementos que componen estas cabezas, da vida a la inverosímil y fantástica secuencia, aparentemente jamás vista, pues nada de esto .ni de todo lo demás. mencionaba el libro que tenía entre mis manos; y no era cosa para obviar .por poco que se quisiera escribir sobre esta obra., demostración de ceguera sería hacerlo. El pequeño reptil de la izquierda, hacia el que el ojo (53) miraba asustado, se alineaba con la pequeña boca de la cabeza (53), con el cubierto sexo de Eva .en la escena de la tentación. y con el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal que la serpiente sostenía en su mano. Y los ojos de los dos reptiles se alineaban con los de Eva en la escena de la expulsión del paraíso. No

14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 781 781 781 781 781 779 779 781 782 782 782 782 782 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 783 783 783 781 781