las puertas del paraíso y del infierno se tomaban 
por comisuras de los labios, entonces, Adán y 
Eva, y el árbol del conocimiento del bien y del 
mal, personificaban el foco original de la 
infección, que se propagaba al panel central, hasta 
tocarle las narices a la cabeza (20). Con la misma 
meticulosidad con que el médico dentista 
inspeccionaba la boca de su paciente, así tenía el 
espectador que inspeccionar la boca de esta 
cabeza, y la propia cabeza, y toda la obra, y 
cualquier obra del Bosco. 

El pecado, cual peligrosa infección, se extendía 
por la cabeza (20) y la conducía .a ella, al carro 
de heno y a la humanidad entera. hacia el 
desastre. Así lo pintó el Bosco en otra gigantesca 
cabeza (22), más a la derecha, en el tercer 
fotograma de la secuencia que comenzó en el 
paraíso con la cabeza (16), y continuó con la 
cabeza (20). Las infección había destruido más de 
la mitad de la cara de la cabeza (22), que solo 
tenía un ojo sano, el derecho, del que Jesucristo 
era pupila; el otro ojo ya no tenía ojos para Dios 
sino para el antidios que lo había infectado. La 
nariz, quemada y descarnada, era todo hueso, en 
la fortaleza en construcción que reconstruía el 
demonio, a su manera. La cabeza (22) tenía muy 
mala pinta; estaba en las últimas, a punto de 
convertirse en cráneo, a las puertas del 
Apocalipsis. Solo su ojo derecho podía salvarla.

De esta forma tan sutil, a través de la evolución 
de una cabeza, el Bosco confirmó la asociación 
que se había de establecer entre los tres paneles: 
el carro de heno .y su entorno. y la 
construcción en el infierno .y su entorno. eran 
narices de una misma cabeza, que transitaba hacia 
el infierno; y el árbol del conocimiento del bien y 
del mal .y su entorno., nariz en la cabeza (16), 
encontraba su equivalente en la arbórea copa 
sobre el carro de heno .y su entorno.. 

El Bosco multiplicó las cabezas como si de 
panes y peces se tratara. Muchos eran .si no 
todos. los personajes y elementos candidatos a 
ojos, narices y bocas en alguna gigantesca cabeza 
.las habían que ocupaban dos y hasta los tres 
paneles, a cuál más expresiva y sorprendente.. 
El panel derecho daba buena cuenta de ello: 
nubes, animales, recipientes, sombreros, cabezas, 
sacos, maderos… la lista se hacía infinita, como 
fascinante era la contemplación de las cabezas a 
las que daban forma. En unos casos eran cabezas 
enteras; en otros, solo mitades; y en los casos más 
fantásticos se unían en secuencia. Así ocurría en 
el panel central, en la cabeza que tenía al clero 
por boca, la nariz en el montículo, el ojo derecho 
en el tablón junto a la enorme seta alucinógena, y 
el pensamiento en los cielos. La cabeza parecía 
dormida o despierta según con qué se identificara 
su ojo: si con el borde exterior del tablón, la 
cabeza dormía .cabeza (23).; si con el círculo
14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 761 761 762 738 761 762 762 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 738 763