su mano izquierda .la otra mano sostenía el 
vaso. con la cruz del rosario que llevaba atado 
en cinta la monja agachada de espaldas frente a 
él: esta línea de oración, tras pasar por la piedra, 
conducía directamente al culete de un niño 
pequeño y desnudo. El Bosco parecía recrear así 
un antiguo proverbio flamenco: «Nunca digas de 
este agua no beberé, ni este cura no es mi padre». 
Cuatro monjas rodeaban al clérigo, en la esquina 
inferior derecha del panel central; y cuatro niños 
pequeños pintaba el Bosco en la esquina inferior 
izquierda del mismo panel. El cura salía a bebé 
por monja, a brindar por ellas y por su 
descendencia. Fueron muchos los bebés 
abandonados a las puertas de un convento, al 
amparo de la Virgen de Euklisen 1212, rebautizada 
en Inclusa, hoy Hospital Materno Infantil de 
Madrid; y no venían de desiertos remotos ni de 
montañas lejanas. Como siempre, son los justos e 
inocentes los que cargan con las culpas de los 
pecadores. Los bebés nacieron clamando al cielo 
su dolor, modulando en sus llantos su 
pensamiento: «Abandonado de mis padres, la 
caridad me recoge». 

1212 abc 

La conexión entre el panel central y el panel 
derecho me pareció tan indudable como 
sorprendente. El Bosco, que no parecía querer 
arriesgarse a que su fantástico simbolismo pasara

desapercibido, utilizó para ello una técnica basada 
en la asociación de imágenes: la evidente 
cabeza (1) del Infierno, en el panel derecho, 
servía para confirmar la a priori no tan evidente 
cabeza (12), en panel central. Dicho de otra 
forma: la correcta interpretación de la obra 
apelaba a la interrelación de imágenes y contextos. 
La evidencia de la cabeza (1), en el panel derecho, 
justificaba de por sí la existencia de la 
cabeza (12), en el panel central, quizá menos 
evidente a primera vista que la otra, pero no por 
eso menos real. Un claro ejemplo de la 
efectividad de esta técnica asociativa contextual 
se daba en la boca de la enorme cabeza (12): la 
boca aparecía junto al lugar donde se cocinaban 
los alimentos, justo en el sitio en el que un 
médico inspecciona la boca de una mujer. Así dio 
el Bosco las claves necesarias y suficientes para 
confirmar la existencia de la gigantesca y 
sorprendente boca (12), con su correspondiente 
cabeza. 

Nada decía el libro que tenía entre mis manos 
de todos estos asuntos. El autor se limitaba a 
describir las escenas evidentes a primera vista, 
adornándolas con algún que otro refrán, señal de 
que no debió de verlos .los asuntos.; su 
cerebro no fue capaz de percibirlos. Craso error; 
porque estos eran los asuntos relevantes. Los 
demás, a su lado, carecían de importancia; eran 
paja, puro heno. Pero qué se le va hacer. Así es la
14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1967/10/03/017.html 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 723 725 723 725 725 725