
otra aún más extraña y graciosa (37): de su oreja izquierda colgaba el tintero y la funda de la pluma; y de la derecha colgaba el pisapapeles de pie; y tenía la nariz y la boca del primer pez (35)., y el ojo del segundo (36). Y no había tan grata sonrisa como la suya en todo el tríptico 1208. Qué imaginación la del Bosco. El cerdo susurraba a dos oídos: a uno, con su boca y su lengua; al otro, con su mano y su pluma. De nuevo, una metáfora: la mano es boca y la pluma es lengua, de la escritura. De ahí que el largo pico abierto del ave oculta en la celada irrumpiera de entre los dientes enrejados, pues hacía de lengua en el pez; y de ahí que la pluma se inclinara hasta casi tocar la lengua del pico abierto, pues también era lengua; y de ahí que la pezuña del cerdo sostuviera la pluma entre los labios que eran sus dos dedos. La escritura es la armadura de las ideas: las protege de los embates del tiempo, pero también las encorseta y deforma, y da lugar a interpretaciones inimaginables. Igual que un cuerpo siente reducida su movilidad y alterada su figura al calzarse una armadura, las grandes ideas, que nacen y viven libres en el cerebro, discurren con dificultad y encogen al ser llevadas al papel. A esta ley natural no escapan ni los profetas, cuando reciben la revelación divina; que una cosa es inventar y dar sentido a las palabras .o a la 1208 Efesios 6, 11-17 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

pintura., y otra muy distinta es copiar lo que se escucha .o se ve., máxime si no se entiende. Y aún vi otra cabeza (38) en la celada: parecía la versión dormida de la cabeza (37), que despertaba al clavársele la flecha en la pierna. La boca de la cabeza (37) hacía de ojo dormido en la cabeza (38); las narices de ambas cabezas tenían la misma forma circular, como queriendo sugerir el simbolismo; y algo similar ocurría con la pierna de la bestia tocada con la celada, y su larga y crustácea cola, que parecían transformarse en el pie colgado de la cola espinosa. Pero ninguna de estas cabezas me sorprendió tanto como aquella cabeza (39), de aspecto humano, de ojo izquierdo en el codo izquierdo del cerdo, nariz en el estómago del escribiente y boca abierta entre las piernas del escribiente y del cerdo: las piernas del hombre sugerían el bigote, echado hacia delante; y las del cerdo sugerían la perilla, también echada hacia delante; y las sombras entre los brazos cruzados, sobre los codos eran ojos abiertos .cabeza (40).; y también era ojo derecho la sombra bajo el hocico del cerdo .cabeza (41), tocada con encogidísima toca de monja.; y tenía dos cuernos, uno en la cabeza del escribiente, el otro en la cabeza del cerdo con toca de monja. Y el pergamino era nariz; y el muslo del escribiente, ojos; y la sombra de su pie era boca, de otra cabeza (42).