
En cuanto a la escalera, Picasso sí había pintado una escalera en el Guernica. La ventana situada justo encima de la puerta exigía que existiera una escalera, que incluso se veía a través de la ventana. Sólo quedaba que la imaginación realizara su trabajo y asociara esa escalera con la de El Descendimiento. Y si la imaginación se negara a hacerlo, aún podía recurrirse a la fe, a la fe en la realidad, que acabaría por ver la escalera de El Descendimiento en la escalera de mano que Picasso debió de utilizar para subirse al Guernica y quitarle los clavos a Jesús el Nazareno. El lienzo, clavado a la cruz de su marco, sangraba santos óleos, cual Cristo de la Pintura. Caminé un poco más hacia mi izquierda y me situé justo enfrente de la cabeza decapitada. La cabeza inerte y el brazo se superponían a sus respectivas sombras, proyectadas justo detrás, sobre el fondo cuadriculado que daba forma al suelo: la imagen se me hizo tremendamente familiar; tenía la sensación de haberla visto antes. Sí, sólo podía ser eso: tenía que haberla visto en algún otro sitio… Pero, ¿dónde? De inmediato di con la respuesta. La había visto en el libro sobre Roger van der Weyden. Abrí el zurrón, saqué el libro y fui pasando páginas hasta que llegué al Calvario 1048 de El Escorial. Allí estaban los brazos 1048 Calvario (hacia 1460; óleo sobre tabla; 344 cm × 193 cm), de Roger van der Weyden, Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial

(10014602), Madrid. patrimonionacional:[obra El Escorial] kikirpa abc larazon #ahsWEYDENcalvario y la cabeza inerte de Cristo en la cruz, sobre aquel fondo cuadriculado tan fantástico, inimaginable para una escena de Crucifixión, un fondo tan cercano a la cruz, a María y a Juan el Evangelista que las sombras parecían adquirir volumen. El libro comentaba que el Calvario se había llegado a exhibir junto a El Descendimiento, en el Monasterio de El Escorial, antes de que El Descendimiento fuese trasladado al Museo del Prado. Aquella coincidencia me dio que pensar. Quizá Picasso, en alguna visita realizada a El Escorial durante su juventud, llegara a ver las dos obras juntas, y aquel recuerdo se plasmara en el Guernica a modo de homenaje a Roger van der Weyden. Imaginé a Picasso en El Escorial, observando los dos cuadros, mirando primero el Calvario y luego El Descendimiento. Las dos obras sugerían dos fotogramas de una misma e histórica secuencia: Picasso, frente a ellas, imaginaba el tercer fotograma. El inmenso mural del Guernica me seguía sugiriendo nuevas ideas, algunas bastante curiosas. ¿Cómo se podía determinar el sexo de los personajes? ¿Hasta qué punto era correcto afirmar que el sexo percibido de forma intuitiva se correspondía con el sexo real, el que Picasso