mayúscula, dibujada con una evidencia aplastante 
y en un lugar imposible: la jota rodeaba el ano del 
animal .quién buscaría allí la identidad de la 
figura.. Y también vi una jota en la pequeña 
pierna derecha del Niño Jesús, en su talón. Vi una 
jota incluso en la boca del caballo, una jota muy 
similar a la del toro, aunque en este caso se 
integraba en el travesaño de una «A» tumbada, 
garganta del caballo. Picasso parecía estar 
marcando a los personajes con las iniciales de sus 
nombres. Hasta en la frente de la mujer con el 
niño en sus brazos se podía intuir una «M» de 
María. 

Me fijé en el cabello de la mujer y en la cola 
del caballo, pues me llamó la atención la 
proximidad y similitud de sus dibujos. Y fue 
entonces cuando caí en la cuenta: el pelo estaba 
siendo usado para identificar a la mujer con la 
mujer tendida a los pies del Guernica. La cola del 
caballo remitía a un peinado femenino, en cola de 
caballo. Picasso indicaba así que la cola del 
caballo también formaba parte del cabello de la 
misteriosa mujer en el centro del Guernica, lo que 
al mismo tiempo reforzaba el que existiera esa 
misteriosa mujer y que las dos mujeres fueran en 
realidad la misma, María, en algunas de las 
interpretaciones. 

Norte, Sur, Este y Oeste. Así orientaba Picasso 
la cola del toro, el cabello de la mujer con el niño, 
el cabello de la mujer en llamas, y la cola del

caballo, respectivamente. Y en los cuatro casos 
pintaba el mismo estilo de pelo. 

Existían tantas concordancias entre el Guernica 
y El Descendimiento que no parecía necesario 
exigir una relación uno a uno entre todos los 
personajes de ambos cuadros. Picasso necesitaba 
de cierta flexibilidad si quería incluir en el 
Guernica otras interpretaciones. Para justificar un 
determinado simbolismo bastaba con percibir 
suficientes relaciones y de suficiente consistencia, 
tal y como ocurría para el Descendimiento o la 
Adoración, por poner dos ejemplos. 

En el lugar que ocupaba María Salomé en El 
Descendimiento había un ave en el Guernica. Esa 
parecía ser la metamorfosis para este personaje. 
Leí la descripción del ave en mi libreta: «[…] en 
la misma vertical que la cabeza del hombre en el 
suelo, hay un ave […]». Así se relataba en la 
Biblia cómo Juan el Bautista, que aún no conocía 
al Hijo de Dios, logró identificarle en las aguas 
del Jordán, cuando reconoció al Espíritu Santo en 
la paloma que, descendiendo desde el cielo, se 
situó en la misma vertical que Jesús, tal y como 
había sido dicho que ocurriría. Y esa era 
precisamente la escena central de otro tríptico de 
Roger van der Weyden, el Retablo de San Juan 
Bautista 1044, pintado hacia 1455; así lo estaba 

1044 Johannesaltar (hacia 1455; óleo sobre tabla; cada una de las 
tres tablas del tríptico mide 77 cm × 48 cm), de Roger van der
14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2