Acerca de El Descendimiento había escrito: 
«La escena parece enclaustrada en una estancia 
de muy poca profundidad […] El suelo se 
extiende horizontal, de extremo a extremo, y en 
profundidad, con su fondo en perspectiva a medio 
metro de altura desde el extremo inferior […] Los 
nueve personajes se distribuyen ocupando 
prácticamente la totalidad del espacio […]». Y lo 
mismo se podía decir del Guernica. 

Comparé uno a uno los personajes. Primero 
intenté relacionarlos por las posiciones que 
ocupaban. De la María Magdalena de El 
Descendimiento había escrito: «En el extremo 
derecho aparece María Magdalena, orientada de 
perfil hacia el lado izquierdo, su espalda 
ligeramente encorvada hacia delante, su cabeza 
en horizontal sobre sus manos entrelazadas, su 
codo derecho elevado, sus piernas ligeramente 
flexionadas». Y de su homólogo en el Guernica 
había escrito: «alza ambos brazos en uve y 
muestra expresión de horror en el rostro, que 
dobla hacia atrás, orientándolo totalmente hacia 
arriba, como clamando al cielo». Si el Guernica 
representaba el instante posterior a la escena del 
cuadro de Roger van der Weyden parecía lógico 
que, al explotar de dolor, la mujer adoptara esa 
posición. 

Pero aún había más semejanzas. El vestido de 
María Magdalena en El Descendimiento no 
parecía de calidad, no estaba hecho de una sola

pieza sino de estrechas tiras cosidas, y dejaba al 
descubierto parte de la espalda y del pecho, algo 
insólito en una escena como aquella, de no ser 
para mostrar cierto origen libertino. Su personaje 
homólogo en el Guernica mostraba una especie 
de parche a modo de remiendo en su vestido, y 
dejaba al descubierto su espalda, e incluso 
exhibía muy claramente los abundantes pelos de 
sus sobacos; hasta su traje, formado por franjas 
verticales paralelas, se asemejaba al de María 
Magdalena. 

Pero lo que acabó de desquiciarme fueron las 
manos de este personaje, en el Guernica, pues 
apoyaban la relación entre esta mujer y la María 
Magdalena de El Descendimiento. Intuía que la 
mano derecha simbolizaba a un hombre: un dedo 
de la mano sugería la cabeza en alto 
.cabeza (2).; otros dos, los dos brazos; y otros 
dos, las dos piernas; todos arrastrados con furia, 
en la dirección de la otra mano, por un sexto dedo 
.sí, un sexto dedo., cuyo significado sólo 
ahora se me hacía evidente 1027. Y por las mismas 
razones intuía que la mano izquierda simbolizaba 
a una mujer: el delicado dedo meñique sugería la 
cabeza .cabeza (3).; y luego venían los brazos; 
y luego las piernas, receptivas. Y también me 
parecía esta mano una mujer de cabeza centrada 
.cabeza (4), situada en el dedo medio. que 

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