comparar la espectral figura de una mujer .que 
solo yo veía en un lienzo catalogado de 
expresionista, cubista y surrealista. con uno de 
los santos personajes principales de una obra de 
uno de los pintores flamencos más afamados del 
siglo XV. Ni un don Quijote de las Artes soñando 
con su Dulcinea del Cubismo llegaría a tales 
extremos. 

Pero la locura no acababa ahí; porque, además, 
estaba inconscientemente deduciendo que el 
personaje que tenía frente a mí, el personaje cuya 
cabeza y brazos yacían en el suelo del Guernica, 
en la mitad izquierda del lienzo, se correspondía 
con el Jesús de El Descendimiento; y con ello mi 
razón concluía que la imagen de la mujer tendida 
junto al hombre en el Guernica se correspondía 
con el instante posterior al de El Descendimiento, 
puesto que Jesús en el cuadro de Roger van der 
Weyden aún no había sido depositado sobre la 
hierba. No solamente estaba relacionando dos 
cuadros irreconciliables, sino que incluso 
intentaba establecer una conexión temporal 
consecutiva entre las dos escenas que 
representaban. 

La confusión se apoderó de mí. Saqué de mi 
zurrón la pequeña libreta en la que había escrito 
la descripción de El Descendimiento. A medida 
que comparaba la descripción con la imagen 
frente a mí mi desconcierto aumentaba.

Acerca de El Descendimiento había escrito: 
«La escena parece enclaustrada en una estancia 
de muy poca profundidad […] El suelo se 
extiende horizontal, de extremo a extremo, y en 
profundidad, con su fondo en perspectiva a medio 
metro de altura desde el extremo inferior […] Los 
nueve personajes se distribuyen ocupando 
prácticamente la totalidad del espacio […]». Y lo 
mismo se podía decir del Guernica. 

Comparé uno a uno los personajes. Primero 
intenté relacionarlos por las posiciones que 
ocupaban. De la María Magdalena de El 
Descendimiento había escrito: «En el extremo 
derecho aparece María Magdalena, orientada de 
perfil hacia el lado izquierdo, su espalda 
ligeramente encorvada hacia delante, su cabeza 
en horizontal sobre sus manos entrelazadas, su 
codo derecho elevado, sus piernas ligeramente 
flexionadas». Y de su homólogo en el Guernica 
había escrito: «alza ambos brazos en uve y 
muestra expresión de horror en el rostro, que 
dobla hacia atrás, orientándolo totalmente hacia 
arriba, como clamando al cielo». Si el Guernica 
representaba el instante posterior a la escena del 
cuadro de Roger van der Weyden parecía lógico 
que, al explotar de dolor, la mujer adoptara esa 
posición. 

Pero aún había más semejanzas. El vestido de 
María Magdalena en El Descendimiento no 
parecía de calidad, no estaba hecho de una sola
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