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sufre y que todo lo que le constituye nació con el universo, puede llegar a comprender que, cuando deje de existir como ser, ocurrirá que eso que le constituye, igual que le dio lugar a él y le hizo sufrir, podrá dar lugar a otros seres a los que también podrá hacer sufrir, y que ese sufrimiento será la continuación del suyo». Y de nuevo se hizo el silencio. «¿Qué significa todo esto?, ¿que estamos condenados a sufrir eternamente?», preguntó uno. «¡No hombre, no!, una vez que te mueres ya no sufres más, porque no existes», dijo otro. «Sí existes, porque todo lo que te formaba antes sigue existiendo después, aunque de otra forma», dijo el de la bicicleta, «es la otra vida, la reencarnación tras la muerte; y ocurre en este mundo». No había forma de que se pusieran de acuerdo. Tras un momento volvió el silencio y el sadhu continuó: «Y al igual que se comienza sufriendo como niño y al crecer se sufre como adulto, y ambos sufrimientos se reconoce que afectan al mismo ser, es también verdad que el sufrimiento de los nuevos seres creados es continuación del sufrimiento de los seres que han dejado de existir. Y el hecho de que el ser humano no sea capaz de concebir el vínculo consciente entre esos dos conjuntos de seres distintos, pero sí sea capaz de concebir el vínculo consciente entre el adulto y el niño, seres también distintos, no es muestra más que de sus limitaciones, y ni significa que el vínculo no

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exista a otro nivel de conciencia superior ni que el sufrimiento del nuevo ser no sea tan real y doloroso como el sufrimiento del antiguo, haciendo igual de necesario tanto antes como ahora el esfuerzo para su minimización». Todos se miraron reconociendo en aquellas palabras sus limitaciones; porque lo cierto es que se estaban volviendo a perder en los razonamientos. Sí que llegaban a entender la relación entre el adulto y el niño, y cómo lo que parecía un mismo sufrimiento estaba afectando en realidad a dos seres distintos; eso sí creían comprenderlo, pero intuían que además había otra idea más general en aquel mensaje, una idea que a ellos se les escapaba, una idea que sólo aquel sabio podía aspirar a comprender. Volvió el silencio y el santo retomó la palabra: «Quienes en busca de su propio beneficio obligan a vivir a otros, están retrocediendo hacia el origen del sufrimiento y vulnerando el primero de los derechos del ser, el derecho a no ser obligado a adquirir la capacidad de sufrir. Buscar beneficio en lo inevitable y necesario, y anteponerlo al sufrimiento que se genera, es sólo propio del egoísmo propio del ignorante». Y se hizo el silencio. «¡Qué quiere decir eso!», dijo uno con preocupación, «¡yo tengo siete hijos!» 1012. «Pero tú eres una buena 1012 Mateo 19, 14 vatican:[español latín] latinvulgate biblos Marcos 10, 14 vatican:[español latín] latinvulgate biblos

14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 14 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.biblegateway.com/passage/?search=mateo%2019&version=NVI http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PUT.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_evang-matthaeum_lt.html#19 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=1&c=19 http://www.biblos.com/text/matthew/19-14.htm http://www.biblegateway.com/passage/?search=marcos%2010&version=NVI http://www.vatican.va/archive/ESL0506/__PVC.HTM http://www.vatican.va/archive/bible/nova_vulgata/documents/nova-vulgata_nt_evang-marcum_lt.html#10 http://www.latinvulgate.com/lv/verse.aspx?t=1&b=2&c=10 http://biblos.com/text/mark/10-14.htm