
Y llegó la gran ramera en su taxi siete estrellas. Y hay que ver cómo le daba la muy zorra a la botella. Y diciendo sus blasfemias, como vino, se piró. Y como no te arrepientas: ¡Arderás como el carbón! Riau, riau, riau, tío Juanillo, te has pasao. Esas cosas no se dicen, que hasta a mí me has asustao. Riau, riau, riau, tío Juanillo, te has pasao. Anda, cántalo de nuevo, y sé un poco más moderao.

Y en el cielo abierto vi al Rey de Reyes y Señores tumbadito en su cunita, blanca como el bien de amores; y cayó sobre las bestias, la ramera y el cabrón; y en amor se arrepintieron: ¡Y a todios Dios perdonó! Riau, riau, riau. Tío Juanillo, la has clavao. Lo que dices, ¡qué bien suena! Ahora sí que me ha gustao. Riau, riau, riau. Tío Juanillo, la has clavao. Lo que dices, ¡qué bien suena! Ahora sí que me ha gustao.