piezas juntas», replicó otro. «¿Y si las piezas se 
hacen hoy y no se ensamblan hasta dentro de mil 
años, cuántos años tendrá entonces la bicicleta 
recién ensamblada?», volvió a responder el 
primero. Todos dudaron; y sin quedar ninguno 
totalmente satisfecho decidieron cesar las 
discusiones y callar para que el sadhu pudiera 
seguir con su discurso. Tras hacerse el silencio el 
sadhu continuó: «Y al igual que el niño crece, se 
convierte en adulto y se reconoce en el niño que 
fue y que ya no es, cada ser debiera de reconocer 
al resto de seres como los seres que fue y que ya 
no es; y debiera también de respetarles como 
tales; porque de ellos procede y a ellos volverá. Y 
el hecho de que el ser humano no sea capaz de 
concebir este vínculo consciente, pero sí sea 
capaz de concebir el vínculo consciente entre el 
adulto y el niño, no es muestra más que de sus 
limitaciones, y no significa que el vínculo no 
exista a otro nivel de conciencia superior». A 
medida que el sabio elaboraba sus razonamientos 
los rostros reflejaban la complejidad que se le 
suponía a la idea; y ya había alguno que se 
rascaba la cabeza intentando comprender aquellas 
intrincadas razones. «Quiere decir que somos las 
cosas que comemos», dijo uno. «Y lo que comen 
los que comemos», insistió el de la bicicleta. Tras 
algunas consultas entre ellos y explicaciones para 
todos los gustos, todos quedaron en silencio y el 
sabio pudo continuar: «Porque el ser que sabe que

sufre y que todo lo que le constituye nació con el 
universo, puede llegar a comprender que, cuando 
deje de existir como ser, ocurrirá que eso que le 
constituye, igual que le dio lugar a él y le hizo 
sufrir, podrá dar lugar a otros seres a los que 
también podrá hacer sufrir, y que ese sufrimiento 
será la continuación del suyo». Y de nuevo se 
hizo el silencio. «¿Qué significa todo esto?, ¿que 
estamos condenados a sufrir eternamente?», 
preguntó uno. «¡No hombre, no!, una vez que te 
mueres ya no sufres más, porque no existes», dijo 
otro. «Sí existes, porque todo lo que te formaba 
antes sigue existiendo después, aunque de otra 
forma», dijo el de la bicicleta, «es la otra vida, la 
reencarnación tras la muerte; y ocurre en este 
mundo». No había forma de que se pusieran de 
acuerdo. Tras un momento volvió el silencio y el 
sadhu continuó: «Y al igual que se comienza 
sufriendo como niño y al crecer se sufre como 
adulto, y ambos sufrimientos se reconoce que 
afectan al mismo ser, es también verdad que el 
sufrimiento de los nuevos seres creados es 
continuación del sufrimiento de los seres que han 
dejado de existir. Y el hecho de que el ser 
humano no sea capaz de concebir el vínculo 
consciente entre esos dos conjuntos de seres 
distintos, pero sí sea capaz de concebir el vínculo 
consciente entre el adulto y el niño, seres también 
distintos, no es muestra más que de sus 
limitaciones, y ni significa que el vínculo no
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