EL GUÍA 

Para quien vive, el sentirse vivo es cuestión de 
un solo y simple paso: basta con despertar. Para 
quien ve, el ver es cuestión de un solo y simple 
paso: con que abra los ojos ya ve. Por el contrario, 
quien no ve, ha de ver con tiente y con saber, con 
Dios y ayuda. 

Cuando Jesucristo abre los ojos de su Espíritu 
ve que tiene vida eterna. Por el contrario, quienes 
nacimos ciegos de Espíritu, hemos de verlo con 
tiente y con saber, con el corazón, con el alma y 
con la mente, con Dios y ayuda. 

Llegar a ver que tenemos vida eterna, cuando 
partimos de que somos ciegos de Espíritu, no es 
cuestión de un solo y simple paso, más bien al 
contrario, es un difícil camino que se ha de 
recorrer dando pequeños pasos, y el primero de 
ellos es querer andarlo, querer creer: esto es la fe. 
Para guiarnos en Espíritu, para que se entendiera 
esto, fue que Jesucristo dijo: «¿Puede el ciego
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