como también la había visto de niño en Calcuta. 
Vi a gentes que aun siendo extremadamente 
pobres miraban con ojos honestos, más de lo que 
se les podía exigir a quienes forzados se veían a 
vivir en aquellas condiciones. Me crucé con 
mujeres sumidas en la pobreza extrema, alguna 
de ellas tirada en la cuneta, junto a pavos reales 
que campaban a sus anchas, no muy lejos de 
locutorios de Internet y de remesas de dinero. Y 
vi puestos ambulantes de alimentos y de frutas; y 
pequeños talleres de reparación de todo tipo de 
artilugios, desde bicicletas a motores, talleres 
improvisados en las cunetas, sobre la tierra, con 
un pequeño toldo a pocos metros, bajo un árbol o 
junto a una tapia, constituidos en único techo y 
pared del hogar de aquellas pobres gentes.
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