
LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR Y el que sembraba salió a sembrar. Y parte de la simiente cayó junto al camino, y parte cayó entre las piedras, y parte cayó entre las espinas, y parte cayó en buena tierra. Viendo esto uno que no entendía de simientes, se acercó al que sembraba y le preguntó qué era aquello que había lanzado al aire y caído junto al camino, y entre las piedras, y entre las espinas, y en la tierra. Y el que sembraba le respondió que era simiente, algo muy valioso. Y sin más, el que sembraba, se fue; y allí quedó pensativo el que no entendía de simientes, pues no alcanzaba a comprender cómo alguien podía arrojar al suelo algo muy valioso. Y como, por más vueltas que le daba, no lograba entenderlo, decidió recoger del suelo toda la simiente, la que cayó junto al camino, la que cayó entre las piedras, la que cayó entre las espinas y la que cayó en la tierra. Y se la llevó a su pueblo. Y levantó un altar frente a su casa. Y sobre el altar puso una urna. Y en la urna encerró toda la simiente. Y entonces congregó frente al altar a

todos los vecinos, y les dijo: «En esta urna hay algo muy valioso. Mirad .dijo abriendo la urna y mostrándoles el contenido.. Es simiente. Orad ante ella». Y sus vecinos le obedecieron y oraron todos los días, sin saber qué era la simiente, ni para qué servía. Pasado un tiempo, el que sembró mandó a su hijo a comprobar qué tal iba la cosecha. El hijo, obedeciendo a su padre, caminó hasta las tierras de su padre; pero no vio nada en ellas. Extrañado, miró a su alrededor, y a lo lejos atisbó un pueblo, y hasta allí se acercó. Y al llegar vio una urna en un altar. Y al abrir la urna, reconoció la simiente, y puesto que era suya, la cogió. Y caminó con ella hasta la tierra de su padre. Y en la tierra fértil plantó la simiente, grano a grano. Y cada día que pasaba anotaba todo cuanto hacía para cuidar de la cosecha. Y llegado el día de cosechar, regresó al pueblo, congregó a todos los vecinos frente al altar y les preguntó: «¿Quién puso en esta urna la simiente de mi padre?». Y el que la había recogido respondió: «Fui yo». «¿Y por qué lo hiciste, si no era tuya? ¿Sabes acaso lo que es la simiente?», volvió a preguntar el hijo. «No lo sé .le respondió el que había recogido la simiente.. Solo sé que es algo muy valioso. Y algo muy valioso no debe estar en el suelo, sino sobre un altar, para que podamos adorarlo». «Venid conmigo», les dijo el hijo a todos. Y al llegar a la tierra de su padre les explicó lo que era