LA PARÁBOLA DEL SEMBRADOR 

Y el que sembraba salió a sembrar. Y parte de 
la simiente cayó junto al camino, y parte cayó 
entre las piedras, y parte cayó entre las espinas, y 
parte cayó en buena tierra. Viendo esto uno que 
no entendía de simientes, se acercó al que 
sembraba y le preguntó qué era aquello que había 
lanzado al aire y caído junto al camino, y entre las 
piedras, y entre las espinas, y en la tierra. Y el 
que sembraba le respondió que era simiente, algo 
muy valioso. Y sin más, el que sembraba, se fue; 
y allí quedó pensativo el que no entendía de 
simientes, pues no alcanzaba a comprender cómo 
alguien podía arrojar al suelo algo muy valioso. Y 
como, por más vueltas que le daba, no lograba 
entenderlo, decidió recoger del suelo toda la 
simiente, la que cayó junto al camino, la que cayó 
entre las piedras, la que cayó entre las espinas y la 
que cayó en la tierra. Y se la llevó a su pueblo. Y 
levantó un altar frente a su casa. Y sobre el altar 
puso una urna. Y en la urna encerró toda la 
simiente. Y entonces congregó frente al altar a
34 -2 -1 -1 +1 +1 +2 34 -2 -1 -1 +1 +1 +2