LA CASA DE DOS PISOS 

Cuando el ser humano llama a la puerta de la 
casa de Dios, baja a abrir el Hijo, en el nombre 
del Padre y de su Espíritu Santo. «Esto de estar 
arriba y tener que estar bajando es para morirse. 
Baja y sube, y sube y baja… acabas cansadísimo, 
y yo ya no estoy para estos trotes», se excusa ante 
el invitado el convaleciente Padre.
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