

EL ARTISTA, SU OBRA Y LA VERDAD DE SU OBRA En el principio ya era Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Luego, vino el mundo. Tan pronto como aparecieron Adán y Eva junto al árbol del conocimiento del bien y del mal, apareció también por allí Satanás para apropiarse de unos frutos que no le pertenecían. Satanás hizo negocio con ellos, e incluso hizo creer que daba los frutos gratis, pues su objetivo, además de beneficiarse de lo que no era suyo, era hacer daño, tanto a Adán y Eva como a Dios, haciendo daño a los frutos de Dios. «No hay salvación, si antes no hay condenación. Yo seré la condenación, pues no sé ser la salvación. Y, aun así, la salvación será gracias a mí, pues no hay salvación, si antes no hay condenación», pensó la astuta serpiente. Satanás sabía lo que había de ocurrir, que el Cristo había de venir al mundo, llegado el día, y que luego el Cristo había de padecer mucho y ser muerto, llegado el día, y que luego el Cristo había de ser resucitado por Dios, llegado el día. Y como Satanás ansiaba más que nada en el mundo