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LA INTERPRETACIÓN Como pasaban los siglos y el mundo no entendía la Creación, sino que hacía con ella lo que le venía en gana, vino Dios en Espíritu y escribió de su puño y letra, dedo sobre piedra, las reglas para la correcta interpretación de su obra. Pero ni con esas; porque cada cual siguió haciendo lo que le vino en gana, por la cuenta que le traía. Así fue como Dios tuvo que decirle a su hijo: «Anda, Hijo, baja tú y explícaselo en persona». Y el Hijo bajó e interpretó el mundo, según los mandamientos. Y el mundo se lo cargó; porque no le gustó la interpretación; porque no le convenía; porque no le permitía hacer lo que le venía en gana. Con mucho amor, el Hijo resucitó al tercer día y ascendió en gloria a los cielos, de vuelta a casa. Vino Picasso y dio las reglas de interpretación de su obra en sus propias obras. Y no le hicieron ni caso.

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