LA ESTATUA 

En mitad de una concurrida plaza había un 
hombre de pie sobre una pequeña plataforma 
circular, todo él quieto como una estatua, sus ojos 
cerrados, sus brazos extendidos hacia delante en 
horizontal, en ángulo agudo. Y el hombre decía: 
«He ahí la verdad. Yo os la digo y os la muestro. 
Digno soy de mi salario: depositadlo en la 
plataforma». Pasado un tiempo, el hombre oyó a 
una voz decir: «Hermano, ¿de esto vives? Mira y 
ve, que la verdad no está ahí, sino ahí». Al 
instante, el hombre activó la plataforma 
presionándola con las plantas de sus pies, sin 
aparentemente moverse, y la plataforma comenzó 
a girar muy lentamente, haciendo con ello girar al 
hombre, igual de quieto que antes. Cuando el 
hombre pensó estar ya orientado hacia la fuente 
de aquella voz, hizo detener la plataforma, y dijo: 
«Eso mismo dije yo. Y eso digo. ¿O acaso ha 
variado algo mi postura? He ahí la verdad. Yo os 
la digo y os la muestro. Digno soy de mi salario: 
depositadlo en la plataforma». Pasado un tiempo,
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