concluir estos otros asuntos y poder acudir raudo 
a salvarla». 

Pasado un tiempo, el mismo hombre se acerca 
al mismo sitio y le dice al mismo grupo de niños 
que desde allí contemplan la mar: «¿Veis aquello 
que está allá a lo lejos, en mitad de la mar? Es mi 
madre en una barca a la deriva. En verdad os digo 
que no hay nada más importante para mí que mi 
madre, y que si no fuese porque tengo entre 
manos otros asuntos ya habría ido a salvarla. De 
hecho, he diseñado un plan de rescate que 
constantemente perfecciono, a la espera de 
concluir estos otros asuntos y poder acudir raudo 
a salvarla». Justo en ese momento llega una joven 
mujer y le pregunta a un niño del grupo: «¿Qué es 
lo que ocurre?». «¿Ves aquello que está allá a lo 
lejos, en mitad de la mar? Es una madre a la 
deriva», le responde el niño. Al mirar hacia allí, 
la joven mujer ve a la anciana madre mover los 
brazos, como pidiendo auxilio. Sin pensarlo un 
segundo, la joven mujer salta a la playa, toma de 
la pared un chaleco salvavidas, arrastra una barca 
hasta el agua y rema en dirección a la anciana 
madre. Al ver el proceder de la joven mujer, el 
hombre le grita desde la distancia: «¡Eh, tú! 
¡Adónde crees que vas! ¡Que es mi madre!». Sin 
pensarlo un segundo, el hombre salta a la playa, 
se zambulle en el mar y nada en dirección a su 
anciana madre. La joven mujer rema sin descanso, 
llega hasta donde está la anciana madre, la pasa a

su bote y juntas reman hacia la orilla. A mitad de 
camino se encuentran con el hombre, que viene 
nadando exhausto hacia ellas. La joven mujer y la 
anciana madre lo suben a la barca y los tres llegan 
sanos y salvos a la orilla.
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