razón de la audiencia, pues temía que la 
desconfianza se afianzara en su rey hasta el punto 
de rechazar al visitante sin permitirle explicar 
personalmente su propósito. Tanto insistió el fiel 
secretario en que su rey recibiera al extraño 
visitante, que, por no escucharle más y dar el 
tema por zanjado, el rey de Hamelín accedió a 
recibirle. «Hacedle pasar», dijo por fin. Y en 
menos que canta un gallo se trajo al rey de 
Ocidém a su presencia. 

.Sed bienvenido, rey de Ocidém .dijo el rey 
de Hamelín.. Pasad y acomodaros en este mi 
modesto hogar, tan falto de riquezas como lleno 
de paz. 

Agradecido, el rey de Ocidém respondió a este 
saludo con una reverencia y se sentó donde le 
indicaron que lo hiciera. 

.Pero… decidme .continuó el rey de 
Hamelín., ¿qué puede haber digno en este reino 
de un viaje tan largo y peligroso como el que 
afirmáis haber realizado? 

.Majestad, si he realizado este viaje es por 
vos. La estrella que corona este palacio, la que os 
ilumina día y noche, la misma estrella que me ha 
guiado desde los confines del mundo hasta 
vuestra presencia, es una señal que se ha prendido 
en el cielo para indicar que bajo ella se halla un 
hombre bueno, el más bueno y generoso del país, 
un hombre muy importante y querido por todos, 
que ha caído enfermo sin saberlo y que pronto

morirá, a menos que yo pueda curarlo. Por eso 
estoy aquí, por eso he venido hasta vos, para 
sanaros. Mi reino no tiene tierras pues mis 
súbditos, reyes todos de Ocidém, viven dispersos 
por el mundo. Todos ellos, como yo, son 
guardianes de los grandes secretos de la curación. 
Al ver la señal de la estrella que brilla sobre 
vuestro palacio, todos hemos salido de inmediato 
a ayudar al que se nos ordena que ayudemos, 
pues esa es nuestra misión en esta vida. Y yo he 
sido el primero en llegar. Cuando la estrella 
reduzca poco a poco su brillar, hasta apagarse por 
completo, los reyes de Ocidém, que ahora se 
dirigen hacia aquí, sabrán que habéis sanado y 
volverán tranquilos y felices a sus lugares de 
origen. Y también regresarán si ven que la estrella 
aumenta su resplandor para apagarse 
repentinamente, en un instante; pero entonces 
volverán cabizbajos y apenados, porque sabrán 
que han fracasado en su misión. 

.¿Reinos sin tierras? ¿Súbditos que son 
reyes? Extraño país el vuestro, rey de Ocidém. Y 
aún más extraño lo es el motivo de vuestro viaje. 
¿Insinuáis acaso que estoy enfermo? 

.Así es. Lo estáis. Vuestra vida corre grave 
peligro, a menos que accedáis a que yo os cure. 

.¿Cómo pretendéis que os crea? Jamás he 
estado enfermo. Nunca me he sentido mejor de lo 
que me siento ahora. Nunca he sido más feliz.
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