consumado. El espontáneo cogió su capote y se lo 
lió a la cabeza, haciendo coincidir con la suya 
.ojo por ojo. la del astado, estampada en la 
hoja. Y con esa máscara se acercó al extraño toro, 
de cabeza y alma humana. Y al llegar junto a él, 
juntos emprendieron el camino, pero no hacia la 
puerta de toriles, pues era una puerta hacia el 
pasado, ni tampoco hacia la puerta de arrastre, 
pues no existía una puerta hacia la muerte: 
caminaron hacia la puerta grande, la de la vida 
eterna, que para ellos se abrió por vez primera, 
milagrosamente, a través del muro. Y no hizo 
falta que nadie llevara a hombros al espontáneo 
porque fue el mismo homotauro quien se ofreció 
a servirle de vehículo. 

Esta es, en resumen, la famosa leyenda que 
contiene el Códice Deo Monis. Algunos expertos 
han llegado a apuntar posibles influencias 
hinduistas en el mito, que relacionarían al mono 
prohombre, bendecido por el Dios Creador, con 
Hanuman, una manifestación del dios Siva, 
siendo el toro símbolo de Nandi, vehículo de Siva.
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