Dios creó al hombre a partir del mono. La 
directora del INA .a quien cariñosamente todos 
llaman así, directora Adelina. adquirió fama 
internacional a raíz de su más famoso 
descubrimiento, el Homo stoles, hallado durante 
las excavaciones previas a la construcción de un 
gran centro comercial en la zona noroeste de 
Madrid, reconvertido hoy en yacimiento 
arqueológico gracias a este revelador hallazgo. 
Así comentaba la directora Adelina, en rueda de 
prensa, el texto del códice: 

«La leyenda, de la que faltan algunos 
fragmentos, afirma que, en el mismo centro 
geográfico de África, en mitad de la selva, junto a 
un poblado de monos, en una época que se 
correspondería con el Plioceno, se produjo un 
hecho insólito: Dios, para probar a esos monos, 
para comprobar si merecían convertirse en 
humanos, creó junto a su poblado una especie de 
laberinto del Minotauro, aunque más bien se 
parecía a una plaza de toros, pues consistía en una 
gran explanada circular delimitada por un muro 
de tres metros de altura y tres filas de gradas. El 
Minotauro era un toro imponente, de dos metros 
de alzada, encerrado en un amplio vergel que 
hacía de toril, rodeado por un muro de cinco 
metros, de la misma altura que la grada más alta. 
RLa prueba será un pequeño paso para el mono, 
pero un gran salto para la humanidadr, se dijo 
Dios a sí mismo, según dice el texto del códice».

La leyenda, que incluso alcanza a calificar de 
bípedos a los monos .adelantándose en esto a la 
teoría de la evolución., se puede resumir como 
sigue: 

Cuando amaneció y los monos contemplaron 
aquella extraña construcción junto a su selva .en 
un lugar donde antes no había más que árboles. 
quedaron fascinados. Con expectación y cautela 
inspeccionaron el extraño recinto circular; 
treparon, no sin dificultad, por la pared más 
cercana; exploraron las tres filas de gradas y el 
ruedo; y descubrieron finalmente, al otro extremo, 
un fascinante vergel de pequeños arbustos 
frutales y hierba fresca. La llegada de los monos 
alertó al imponente toro azabache, que pastaba al 
otro extremo del vergel. Cuando los monos se 
quisieron dar cuenta, el toro, enfurecido, ya 
galopaba hacia ellos. De inmediato cundió el 
pánico. A toda prisa, los pocos monos que habían 
bajado al vergel, treparon como pudieron el muro 
que lo delimitaba, y huyeron con los otros hacia 
la plaza, entre gritos de pavor. Pero allí también 
apareció el toro, pues el vergel se comunicaba 
con la plaza a través de un túnel que atravesaba el 
muro bajo las gradas. Temerosos de aquella 
bestia desconocida, los monos abandonaron 
apresuradamente la extraña construcción y se 
refugiaron en su trozo de selva. 

Al día siguiente, la curiosidad llevó de nuevo a 
los monos a trepar el muro y recorrer las gradas
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