discurso. Y lograba arrancar grandes aplausos de 
la gente que le escuchaba, e incluso donativos. De 
vez en cuando el hombre se daba la vuelta para 
abrir una gran tartera que llevaba escondida en 
una bolsa y sacar de ella un riquísimo langostino, 
o un poco de jamón de bellota, o un delicioso 
canapé de salmón ahumado, o cualquier otra de 
las delicias que traía, y comerla con presteza y 
gran placer, para de inmediato volver a su 
discurso. Cuando, en un despiste del hombre, la 
mujer y el niño alcanzaron a ver las ricas viandas 
dispuestas en la tartera, le miraron desconsolados, 
a lo que el hombre, sintiéndose descubierto, 
respondió: «No os preocupéis. En verdad os digo 
que yo estoy trabajando para vosotros. Tarde o 
temprano vuestros problemas se arreglarán». 
Entended, pues, vosotras, esta parábola. 

Las pobres discípulas reflexionaron, hablaron 
entre ellas y luego le dijeron al Maestro: 

.Maestro, decláranos esta parábola; porque no 
la entendemos. 

Y el Maestro les dijo: 

.Que nadie os engañe. Ni ese hombre es 
vuestro esposo ni ese hombre es vuestro padre; 
porque un solo Esposo y un solo Padre tenéis, y 
se llama Cristo Dios.9303 

9303 «ESPOSO Y PADRE […] Cristo Dios» fue escrito el 24 de 
diciembre de 2015.
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