grados, aún llorando .cabezas (16 y 17)., su 
nariz sobre los óleos; porque allí caen sus 
lágrimas, y con ellas pinta el pintor. Y con los 
mismos ojos llora una bella y joven ave (18) 
porque está embarazada, su pico sobre el pincel, a 
la izquierda del cuello, su cabeza enjaulada en la 
gola, símbolo de su aura de virgen novia, y 
también de sus brazos, y de sus propias alas, alas 
que, en desesperación, se lleva a la cabeza. Aún 
sumida en su llanto, la mujer mira de frente (19) 
al observador. Las cabezas (16, 17 y 19) también 
sugieren otros fotogramas de la cabeza (2) del 
pintor: el pintor mira a la nueva modelo (12); y 
luego mira hacia su paleta, para mojar allí el 
pincel y proseguir su obra; y también se mira a sí 
mismo, mientras pinta su autorretrato; sus ojos 
contemplan lo evidente, semilla que en su cerebro 
germina y fructifica en fantásticas historias. La 
mujer replicante recuerda la escena grabada en su 
cerebro; y el pintor, que comparte con ella esos 
mismos recuerdos, la mira y la retrata, y la besa, y 
ambos lloran lágrimas en la lluvia. La gola 
sugiere los brazos del torero (20) triunfante, con 
las manos en las orejas, en la vuelta al ruedo. En 
plazas como esta se lidian las buenas obras. 

Y aún hay más cabezas. La mano alzada es 
cabeza (21) vieja y barbada, de oscura boca 
abierta, de gola en la muñeca y cuerpo en el 
hombro (22), o en brazo (23), o en ambos a la 
vez (24). Y es felino, león (25) viejo, cuando

cierra su boca en la muñeca .aquí símbolo de la 
modelo, o de la obra pretendida. y da así caza a 
la ratita (26). Y tiene ojos oscuros entre los 
dedos (27); y parece mirar y recriminar a la 
cabeza (28) de más abajo, en la gola, con aspecto 
de perro, tras la ratita; y los ojos (29) se abren 
agudos en las uñas para mirar hacia la paleta y los 
pinceles mientras sostienen el pincel salido de su 
cerebro. Y es león dormido, o pensante, cuando 
cierra sus ojos en la palma (30). Y la cabeza se 
transforma, quizá en otra (31), al girarse hacia 
arriba y contemplar con ternura senil a la modelo, 
o a su obra maestra, e imaginarse en los dedos de 
sus ojos que la hace suya. Y también hay 
cabezas (32), de perfil izquierdo, en las dos 
manos juntas, unidas por la nariz en antebrazo; y 
la boca (33) sonríe en el cierre vertical. Y el 
cuerpo sugiere la cabeza de una vieja dama (34) 
enlutada, papa negro, de perfil izquierdo, de 
rechoncha nariz y pestañas de pincel, el que pinta 
el ojo, en cuya vista moja y hasta se mete. Y el 
pincel es espina clavada en el ojo (35) del 
corazón, cuando con esos óleos pinta. Y el ojo es 
derecho, del faraón (36) que en su corona muestra 
al Ra de las imágenes.
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