
izquierdo con cuerpo (3)., que se lame los genitales. Gran faena, la del Infierno, culminada por la Muerte. Gran faena, la de ambos, y merecida vuelta al ruedo, transformados en perro salchicha (11), con alargado cuerpo de gola 9227. Y la mujer de tez morena y curvas pestañas .la paleta del albero, pues nada sabe de toros., aterrorizada por la cogida 9228, se lleva las manos a la cabeza, al tiempo que se recoge el pelo en moño y posa eróticamente para el pintor, como maja desnuda .su cabeza (12) en distintas perspectivas 9229.. Y el pintor mete su dedo en el coño de la paleta y acaricia el clítoris erecto ante el erecto pincel. Y la mujer morena se estremece de placer. Y el gigantesco hocico del toro (13) la embiste por detrás con toda la obra. Y al girarse hacia la derecha .según se mira. se transforma en una bella cabeza de mujer morena .cabezas (14 y 15), de perfil derecho, de ojo cerrado en las pestañas y abierto en el oscuro y curvo triángulo bajo la gola, respectivamente.: la mujer llora lágrimas de admiración, y de tristeza, pues contempla un amor roto, el del ruedo, y el del pintor, que ha encontrado una nueva musa. La mujer se gira ciento ochenta 9227 picasso 9228 elpais elmundo abc larazon 9229 «Y la mujer […] en distintas perspectivas» ya aparece en un backup fechado el 13 de octubre de 2011.

grados, aún llorando .cabezas (16 y 17)., su nariz sobre los óleos; porque allí caen sus lágrimas, y con ellas pinta el pintor. Y con los mismos ojos llora una bella y joven ave (18) porque está embarazada, su pico sobre el pincel, a la izquierda del cuello, su cabeza enjaulada en la gola, símbolo de su aura de virgen novia, y también de sus brazos, y de sus propias alas, alas que, en desesperación, se lleva a la cabeza. Aún sumida en su llanto, la mujer mira de frente (19) al observador. Las cabezas (16, 17 y 19) también sugieren otros fotogramas de la cabeza (2) del pintor: el pintor mira a la nueva modelo (12); y luego mira hacia su paleta, para mojar allí el pincel y proseguir su obra; y también se mira a sí mismo, mientras pinta su autorretrato; sus ojos contemplan lo evidente, semilla que en su cerebro germina y fructifica en fantásticas historias. La mujer replicante recuerda la escena grabada en su cerebro; y el pintor, que comparte con ella esos mismos recuerdos, la mira y la retrata, y la besa, y ambos lloran lágrimas en la lluvia. La gola sugiere los brazos del torero (20) triunfante, con las manos en las orejas, en la vuelta al ruedo. En plazas como esta se lidian las buenas obras. Y aún hay más cabezas. La mano alzada es cabeza (21) vieja y barbada, de oscura boca abierta, de gola en la muñeca y cuerpo en el hombro (22), o en brazo (23), o en ambos a la vez (24). Y es felino, león (25) viejo, cuando