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números romanos, R·V·II·X·V·r». La inscripción también parecía apuntar al Génesis, al capítulo 5, versículos del 2 al 5 .Génesis V, II x V., y con ello a la caída de Adán, que así llamó Dios a los dos seres humanos que creó, uno masculino, el otro femenino: «Masculum et feminam creavit eos et benedixit illis; et vocavit nomen eorum Adam in die, quo creati sunt». Y así, Jesús encarnaría la caída .o descendimiento. de Adán; y María, la de Eva; y la calavera simbolizaría el fruto prohibido, junto a la mano de la nueva Eva, fruto por el que ambos, Adán y Eva, cayeron a su pesar en manos del Infierno y de la Muerte, pues fueron transformados en seres sufrientes y mortales. Y si el hueso, a la derecha del cuadro, se interpretara como símbolo de la famosa costilla, entonces, la calavera y el hueso también simbolizarían a Adán y Eva. EL SEPULCRO Volví a leer los pasajes de los evangelistas referentes a la Crucifixión y al Descendimiento. En la parte final los textos relataban el momento en el que Jesús era depositado en un sepulcro nuevo, aquel que se había hecho cavar en la peña el rico José de Arimatea; tras rodar una gran piedra para tapar la entrada, los allí presentes se fueron, pues era día de preparación de la pascua judía.

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Quedé pensativo. Leí de nuevo los textos. Busqué en un libro una reproducción de El Descendimiento. Y al fijarme en su fondo dorado, poco profundo, como cavado en la piedra, intuí un simbolismo que volvió a dejarme perplejo: Roger van der Weyden parecía haber incluido en El Descendimiento el instante de la deposición del cuerpo de Jesús en el sepulcro. El recinto donde se desarrollaba la escena sugería una cueva poco profunda, labrada en la peña; y bien podría simbolizar el sepulcro del rico José de Arimatea, que por algo el fondo parecía cubierto de lujoso pan de oro. El simbolismo trascendía el instante temporal de la escena del Descendimiento, representada en el segundo nivel de significación, y viajaba al futuro, al momento en el que Jesús era depositado en su tumba. Y si se aceptaba esta idea se podía intuir entonces por qué Roger van der Weyden diseñó El Descendimiento a modo de tríptico: lo hizo para poder cerrar explícitamente el sepulcro con sus puertas y dar así fin al relato. De hecho, el panel central era un tríptico en sí mismo, por aparecer flanqueada temporalmente la escena del Descendimiento con otras dos escenas más, una inmediatamente anterior en el tiempo, la escena de la Crucifixión, la otra inmediatamente posterior, la escena de la Deposición. Al situar en el lado izquierdo a Juan el Evangelista curvado hacia la derecha y situar en el lado opuesto a María Magdalena curvada en dirección contraria,

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