gigante del Génesis, visto de espaldas, con su 
cabeza (46) adelantada tras San Pedro y orientada 
hacia Cristo, a quien mira en actitud desafiante, 
brazo en jarra. Y el gigante tiene aspecto de 
marinero, al servicio de la bestia salida del mar. Y 
en su antebrazo tiene tatuada la cabeza de la gran 
ramera que se la mama al Infierno en que se 
convierte el marinero cuando le da por culo a la 
Muerte, a la cual también le come el coño. Y el 
gigante (46) también es símbolo de Adán, cuando 
la Vida lo es de Eva. De esta forma, la cabeza de 
Eva, la de Adán, y la del Infierno se estructuran 
en pirámide. Adán, brazo en jarra, parece 
enfadado. El personaje que aparece sobre su nuca, 
justo detrás de San Pedro, alza sus brazos y 
adelanta su cabeza para sugerir la pose opuesta a 
la de los brazos en jarra. Este personaje, el más 
cercano a la mano derecha de Cristo, es Adán, lo 
que permite descubrir a Eva en la mujer más 
cercana a la mano izquierda de Cristo. Y esta Eva 
humana es reflejo opuesto .como lo es un Adán 
del otro. de la nebulosa y gigantesca Eva con 
pendiente de llaves y pecho izquierdo entre la 
túnica dorada y el ala del ángel central. 

El canal es vagina de las nubes de los cielos 
que se abren como piernas de un cuerpo 
femenino (43) para dejarse penetrar por las almas 
que ascienden hacia allí tras la vida terrenal. 
Cristo descansa sobre el vientre. El ángel porta en 
su mano al niño tal y como el nebuloso brazo

.interpretado al revés. porta en su puño a la 
Virgen. 

En la parte inferior, en la escena del entierro, 
los veintidós caballeros claramente alineados al 
fondo sugieren con ese número los veintidós 
capítulos del Apocalipsis de San Juan. El Greco, 
en la posición número seis, dice: «Venid y ved». 
Y en ese instante se abren los cuatro sellos. Y 
surgen la Muerte y el Infierno. Y al abrirse el 
quinto sello aparecen bajo el trono de Cristo Dios 
las almas que dieron su vida por la Palabra, que 
ahora claman en alta voz diciendo: «Usquequo, 
Domine» .¿Hasta cuándo, Señor?.. La primera 
cruz de Santiago aparece en séptimo lugar para 
decir: «Nolite nocere terrae» .No hagáis daño a 
la tierra.. Y los ciento cuarenta y cuatro mil 
señalados .los resucitados., los ángeles, los 
veinticuatro ancianos .veintidós caballeros y 
dos monjes., y el tetramorfos se postran ante el 
trono de Dios y lo adoran cantando: «Salus Deo 
nostro» .¡Salve, Dios nuestro!.. La otra cruz 
de Santiago, en la fosa nasal izquierda del cordero, 
aparece en decimocuarto lugar para confirmar el 
nuevo cántico que se escucha delante del trono. Y 
el ángel que predica el evangelio eterno dice: «La 
hora del juicio es venida». Y la Verdad se revela 
en todo su esplendor: El entierro del señor de 
Orgaz también se ha de contemplar del revés, 
reflejada la imagen en un espejo tendido a los
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