
masacrados, en el Apocalipsis. La lanza penetraba en la concha para extraer el cuerpo del caracol, y al caracol se le iba la vida por la boca, que vomitaba muerte. El Guernica es un puesto de mercado en el que agonizan los animales, y los valores, de los mercados de valores. En el Guernica se cocina una escabechina en escabeche. El Guernica es una olla exprés 9002. La guerra destruye el caparazón; capa la razón; porque el cuerpo del caracol (449) también es pene erecto del hombre caído hacia atrás, retorcido en el suelo del Guernica, espada en mano. La proximidad de las casas no solo potenciaba el simbolismo, sino que incluso sugería que las casas eran concha de otro caracol .o del mismo., lo que a su vez revelaba nuevas influencias de Madre con niño muerto IV 9003, que no solo conseguía proyectar en el Guernica el caracol, sino incluso la tortuga, unida por su cuerpo al caracol: el flamante interior de la boca y el maxilar inferior del caballo sugerían su cabeza (450), de afilado ojo derecho en la lengua, que apuntaba su mal de ojo hacia el toro; las patas del caballo eran sus patas, cuando su caparazón 9002 wiki 9003 Madre con niño muerto IV (viernes 28 de mayo de 1937; grafito, aguada, collage y barra de color sobre papel tela; 23,1 cm × 29,2 cm), de Pablo Ruiz Picasso, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (DE00084), Madrid. museoreinasofia:[1 2] google:[imágenes web] #ahsLPA37 wiki

era de caballo. La tortuga (450) era heredera de la tortuga (55) en la primera ecografía del Guernica; desde allí alzaba su cabeza, acompañando a la del equino. Y tenía extremidades humanas, las del personaje agachado ante la puerta, cuando su caparazón era de cemento. Dos caparazones, dos tortugas, dos caracoles, una sola cabeza: como en una guerra civil, como en una pelea entre animales, los individuos se embisten y funden sus cabezas. El rastro que deja la batalla es un rastro de odio, muerte y destrucción, como el rastro que deja la historia, caracol de El carro de heno. En el Guernica, los animales hacían un alto en la batalla al oír el desesperado grito de la mujer con el niño muerto entre sus brazos. Y giraban sus cabezas hacia ella. Y contemplaban las consecuencias de la guerra, las otras consecuencias, los mal llamados daños colaterales, que a nadie importan, sino a quien los sufren. Y sus rostros mudaban de expresión, golpeados por la luz del asombro. El asombro también golpeaba a la gigantesca cabeza (96) de toro .con astas a uno y otro lado del techo. al clavársele el estoque en el hoyo de las agujas. Esa misma cabeza, pero sin cuernos (451), podía ahora, en este contexto, ser de tortuga o de caracol: la lámpara sugería su ojo derecho; la ventana iluminada, su ojo izquierdo; y la puerta bajo la ventana mayor, su boca. La escena era ambigua respecto a su localización: una mitad del