8636 20 de noviembre de 2012. Texto: «Por la presente se le 
notifica que en el plazo de quince días, a contar a partir de la fecha 
de hoy, se procederá al embargo, desahucio e inmediata subasta 
pública de esta su residencia habitual…». 

elmundo

Y entonces recordé aquellas extrañas palabras: 
«¡La moneda…! ¡No dejes que destruyan la 
moneda…!». El Bosco tuvo que ser un viajero en 
el tiempo. Ahora sí que no me cabía duda alguna. 
Ahora se revelaba claramente el porqué de su 
viaje. Su objetivo era salvar la moneda; salvarla 
de la serpiente monetaria; salvarla de un complot 
que pretendía destruirla para llevar el mundo a un 
cataclismo apocalíptico. ¿Qué otra razón podría 
tener para sacrificar su propia vida en un viaje en 
el tiempo hacia un pasado imperfecto, sino la de 
que el mundo se condujera hacia el futuro 
perfecto? El Bosco construyó una gran metáfora 
pictórica. Y si pintó rostros reconocibles fue, no 
para estigmatizar a los personajes aludidos, sino 
para que se pudiera identificar sin lugar a dudas 
un periodo histórico único, llegado ese momento, 
un periodo en el que ocurriría una catástrofe, una 
gran catástrofe, y con ello lograr evitarla; porque, 
algo así, solo podía hacerse a través del arte, a 
través de las imágenes, a través de obras 
reconocidas a nivel mundial, creadas mucho antes 
de que los personajes aludidos hubieran nacido. 
Solo así llegaría a reconocerse el milagro y a 
aceptarse como tal. Ningún otro método sería 
efectivo. 

No hay que desear entrar por la puerta grande 
de los templos, o del Estado, o de las casas de 
moneda, o de tantas otras grandes puertas como 
hay en el mundo, puertas que tan fácilmente
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