hombre atacado en el suelo. Y, entre estos ojos, 
los cántaros eran ojos en estrabismo, como de 
camaleón, de una extraña cabeza (205) humana, 
como de ídolo, con boca en la falda de la mujer. 
Ojos, ojos y más ojos. Los macacos, machos alfa 
en el Génesis .con boca en el Génesis., 
añadían más fotogramas a su secuencia al 
trasladar sus cabezas (206) hacia abajo, o hacia 
arriba, es decir, al poner sus ojos en los paneles 
centrales de abajo, o de arriba, y cerrar su boca 
.ahora como machos omega, tras haber comido 
del fruto del árbol del conocimiento del bien y del 
mal. en el Infierno de Justo Debajo, boca que 
también se abría para mostrar al Salvador que allí 
entraba a lomos del toro para curarla .de ahí el 
médico dentista que inspecciona la boca a la 
mujer en el panel central.. El simio, en contra 
de las recomendaciones de Dios, comió del fruto 
prohibido del paraíso. Y con el tiempo 
aparecieron las consecuencias, en su boca. Menos 
mal que, gracias a Dios, también ingirió la cura. 
Si bien los macacos con ojos en las ruedas 
mostraban una expresión similar en ambos casos, 
tanto con boca en el Génesis como con boca en el 
Apocalipsis, en este último caso su aspecto se 
tornaba amenazador cuando los ojos se centraban, 
que hasta le daban otro aspecto (207) .con 
ojos (208) cerrados entre el abad y su saco, o con 
ojos (209) abiertos en la gaita, por ejemplo.. Y 
el macaco alfa y el macaco omega parecían

pareja, a lo Adán y Eva, pero en macaco. Y 
parecían hasta progenitor y cría. E incluso parecía 
que el macaco alfa .creado en el Génesis. 
despertaba con furia en el Apocalipsis .al ser 
despertado por los pecados del hombre. para 
cumplir su misión. En un alarde de imaginación, 
podía suponerse que la cabeza del omega se 
alargaba al desplazarse sus ojos a los paneles 
superiores, los del Génesis .cabezas (210), de 
múltiples pares de ojos: en los vanos de las 
puertas del paraíso (211); y en los setos tras 
Eva (212); y, entre ellos, en Eva (213), con niñas 
en la hoja de parra que le cubría el sexo; y en 
Adán (214), también con niñas de parra; y en el 
arcángel (215); y hasta en el seto tras el 
arcángel (216)…., para mirar por estos ojos y 
hablar por aquella boca. Ojos, ojos y más ojos. Y 
el mal aparecía en las orejas .por donde 
entraban los ángeles caídos. y en la boca, 
remitiendo así a las gigantescas orejas cortadas y 
a la gigantesca lengua cortada en el Apocalipsis 
de El jardín de las delicias. Y el cielo del Génesis 
también sugería un par de ojos (217). Y al 
trasladar hacia arriba o hacia abajo esta cabeza 
aparecía su complementaria (218): tras comer su 
boca del fruto en el Génesis, sus ojos se abrían al 
Apocalipsis. Y la una le hablaba a la conciencia 
de la otra, apiladas como estaban en columna 
infinita. El corazón rodeado de alimañas, el 
corazón pintado en el estandarte sobre la mesa del
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