universo» de la piedra, sobre «el universo» del ser 
humano? Pues quizá ni siquiera eso llegue el ser 
humano a saber jamás sobre «el universo», por 
más que avance la ciencia y la técnica. ¿A quién 
busca el ser humano cuando busca a Dios? 
¿Busca acaso a «el ser humano»? Y si se admite 
este escalón, ¿por qué no va a admitirse otro… y 
otro… y otro…? He aquí la escalera para subir a 
los cielos, para llegar con la fe a Jesús el 
Nazareno 8554. El carro de heno, como el resto de 
obras del Bosco, con sus universos de imágenes a 
distintos niveles de resolución, y con sus 
escaleras, apuntaban en esta dirección. Y lo 
mismo podía decirse del Legado Picasso de 1981. 

8554 La saeta (1912), poema incluído en Campos de Castilla 
(1907-1917), de Antonio Machado Ruiz (Sevilla, 1875 R Collioure, 
1939). 

wiki:[1 2] 

La imagen del hombre (186), o minotauro, o 
bestia, y la del animal (183), ambos de perfectas 
proporciones, imaginativas que no podían serlo 
más, en la frontera de lo inverosímil, y al mismo 
tiempo irrefutablemente reales, en El carro de 
heno .RT. A las 9., encumbraban de nuevo al 
Bosco al Olimpo del arte, teletrasportándole al 
futuro. Y lo mismo podía decirse de Picasso y su 
Legado. 

Y aún vi más cabezas gigantescas en la infinita 
columna de paneles unidos a sus reflejos, en El 
carro de heno .RT. A las 9.. Un macaco (194)

balinés .o gibraltareño, por no ir tan lejos. 
abría sus ojos en las ruedas inferiores del carro de 
heno .en la rueda trasera y su reflejo.; y 
miraba hacia la escena ante sus ojos, y también 
hacia el paraíso; y ponía sus fosas nasales en la 
esquina inferior izquierda del panel central 
original, en torno al eje especular, adentrándose 
en el panel del Génesis, donde su boca se cerraba 
entre los cuatro arcángeles. Y al alzar sus 
ojos (195), en el otro par de ruedas, miraba de 
frente. Y el macaco cerraba sus ojos (196) tras el 
carro. Y la boca del hombre (186), en las dos 
mujeres de pie con los dos niños .o macacos, tal 
era su aspecto., se cerraba en los ojos (197) 
cerrados del macaco, que al abrirlos más abajo 
miraba por la niña de sus ojos (198) .ricamente 
ataviada y tocada de sombrero., y los 
cerraba (199) justo debajo, en el bastón del 
hombre que portaba a un niño en la capucha de su 
roída capa con forma de cabeza (200) de simio 
.a las 6, con ojos y nariz en la capucha. que 
miraba hacia Eva, y los abría (201) de nuevo en 
torno al sombrero de este hombre. Y, al expandir 
con la tierra la cara del macaco .al hacer suya la 
tierra por la cara. hasta el curvo contorno del 
horizonte, parecía orangután (202). Y el macaco, 
asolado por lo que veían sus ojos, los 
entreabría (203) entristecidos entre las ruedas, en 
mitad de la pelea de dos hombres. Y volvía a 
cerrar sus ojos (204), ahora en el rojo brazo del
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