
cuenta la voluntad de las demás estructuras, alcanzándose una especie de consenso, de compromiso, introduciéndose cierta redundancia útil para la supervivencia, incubándose en lo individual el concepto de lo colectivo, convirtiéndose el ser en ser sociable. Por así decirlo, las neuronas son al cerebro lo que los seres humanos son a la sociedad: las sinapsis neuronales permiten la comunicación entre las neuronas del cerebro; los sentidos permiten la comunicación entre las personas de la sociedad. Y lo que el cerebro es al cuerpo lo es la sociedad a la naturaleza. LA DUDA Cuando el cerebro recibe estímulos que no sabe cómo interpretar responde con la duda. Pero la duda como respuesta no es válida, por lo que el cerebro entra en un estado de búsqueda de una nueva respuesta, más convincente; y de no hallarla suficientemente satisfactoria repetirá el proceso hasta encontrarla, o hasta que el cansancio o la desesperación lleguen a pesar más que la propia duda, momento en el que abandonará. Si la falta de respuesta no supone una amenaza para la vida, la duda no resuelta irá perdiendo progresivamente su poder hasta desvanecerse. Los homínidos, y también, ¿por qué no?, el resto de animales, dudan al contemplar el Sol, la Luna, las estrellas, la

naturaleza en general; por más que ponen todos sus sentidos en ello, dudan porque sienten que no comprenden lo que ven. La duda como simple curiosidad puede desvanecerse con el tiempo, si se aceptan las cosas tal y como son, sin pedir más explicaciones, con el fin de dedicarse a cuestiones más prácticas, reconociendo sabiamente al mismo tiempo cierta limitación cognitiva: no se puede saber todo de todo. Pero si la duda no consigue extinguirse, queda latente, provocando cierta insatisfacción, reapareciendo al cabo de un tiempo en busca de una respuesta convincente a medida que el cerebro evoluciona e incrementa su sabiduría. La duda tiene múltiples matices, unas veces es «¿por qué?», otras «¿quién?», otras «¿cómo?»; pero siempre tiene forma de pregunta. El cansancio o la desesperación logran aplacar la duda respondiendo al «¿quién?» con «alguien», al «¿cómo?» con «de alguna manera», al «¿por qué?» con «porque sí», y así con todos y cada uno de los interrogantes. Son respuestas muy convincentes aunque no proveen de mucha información; pero tampoco se necesita, sobre todo si se comprende que la energía ha de ser utilizada para sobrevivir, y no para satisfacer curiosidades que no se cree puedan reportar provecho. Pero también los hay cabezotas que no paran hasta dar con la respuesta correcta a la duda; y los hay que nunca lo consiguen.