central, ojos que al alzarse penetraban en el 
infierno, ahora con ojos (185) de infernal monje. 
Y las fosas nasales se abrían en la sombra, entre 
el gaitero, el médico y su paciente. Y su morro 
tenía labios de mujer con niño. Y los montículos 
laterales con astas de tablas, a la altura de sus 
ojos (184), en el panel central, sugerían sus 
cuernos. Y la fortaleza del infierno y su reflejo 
sugerían otro par de cuernos, ahora descomunales 
y en construcción, asociados al par de ojos (185) 
en el infierno. Y estos cuernos también lo eran de 
la otra cabeza (184), cuando sus otros cuernos se 
tomaban por orejas. Un yak, cuatro ruedas y dos 
montones de heno que alguien trilló en algún 
lugar del infierno 8482. 

8482 elmundo abc elpais larazon 

Los dos carros de heno, símbolo del alimento 
del pecado, ocupaban en este gigantesco toro la 
posición de las ollas en el toro real, a las puertas 
del infierno .o hades.. Y como el pequeño y 
blanquecino mechón vertical en la frente del toro 
real, en el eje especular de su cabeza, se 
correspondía, por su posición, y por ser mancha, 
con el prepucio tatuado con el nombre del Bosco 
y situado en la frente del gigantesco toro, se hacía 
necesario concluir que el hombre sobre el toro 
real también era símbolo del Bosco. La bestia 
azulada a su lado, la bestia de alargado pico 
sentada de espaldas en el puente, la bestia que se

llevaba la mano a la entrepierna, terminaba de 
confirmar el simbolismo. Y puesto que sobre el 
toro real montaba un hombre, sobre el gigantesco 
toro debía montar otro hombre (186), como así lo 
confirmaba la alargada y descomunal imagen 
compuesta de paneles y reflejos. El hombre (186) 
se sentaba sobre la capa roja del infierno que le 
calentaba los cojones. Y su prepucio, cuando 
apuntaba hacia abajo, descansaba en el entrecejo 
del gigantesco toro (184), y cuando apuntaba 
hacia arriba aparecía tras los infernales 
cuernos (185). Y la espada del arcángel San 
Miguel le atravesaba el pecho. Y su cabeza triste 
y cabizbaja se fundía con la del yak de más 
arriba. Y abría sus ojos (187) en las fosas nasales 
del animal. Y los cerraba (188) entristecido entre 
el médico y su paciente. Y el hombre parecía un 
minotauro, o una bestia de antiguos Beatos, por 
su pelaje y su cabeza compartida con el toro. Y 
sus ojos (189) se oscurecían y animalizaban bajo 
la silla del monje. Y se cerraban (190) entre el 
monje y el saco. Y declinaban (191) al otro lado 
del saco. Y se abrían (192) en la boca del saco. Y 
se cerraban (193) atormentados a espaldas del 
gaitero. Ojos, ojos y más ojos, en cabezas en 
continua metamorfosis, ahora de animal, ahora 
humanas. El pene del infierno penetraba el 
cerebro del hombre y en él eyaculaba sus pecados 
para así fecundar de mal al mundo. Por eso, el 
hombre desnudo, montado a lomos del toro real
32 -2 -1 -1 +1 +1 +2 http://www.elmundo.es/elmundo/2012/05/18/espana/1337340412.html http://www.abc.es/20120518/espana/abci-audiencia-nacional-yak42-201205181329.html http://elpais.com/politica/2012/02/24/actualidad/1330085723_730231.html http://www.larazon.es/noticia/6954-trillo-se-incorpora-hoy-a-su-puesto-de-embajador-en-londres 5307 5306 5307 5306 32 -2 -1 -1 +1 +1 +2 5308 5308 5306 5307 5308 5308 5308 5308 5308 5308 5308