esta forma, cuando el heno prenda fuego, el 
Infierno arderá en el infierno, y con él todos 
cuantos le dan forma. El Bosco también se valió 
del caracol para recalcar la mala construcción del 
Infierno: el caracol, en el que se encarna el 
Infierno, está mal hecho, pues está hecho del 
revés; su cabeza es de ladrillo; su caparazón, de 
paja. El pecado es un sinsentido; vulnera las leyes 
de la naturaleza; cae por su propio peso, como los 
ángeles caídos; y por eso acabará .por su 
naturaleza. siendo destruido por la naturaleza. 

El simbolismo del Bosco es rico en matices: el 
Infierno hace del pecado su fortaleza; el pecado 
se construye con la cabeza. La estructura de 
ladrillos sugiere solidez, convicción en el pecado, 
nulo arrepentimiento; sugiere viajar con la carga 
del pecado a cuestas; sugiere vivir en el pecado. 
En cualquier caso, los símbolos giran en torno a 
una misma conclusión: el mal no es invencible y 
será derrotado por el bien. 

Los personajes humanos desnudos, conducidos 
a la fuerza por las bestias hacia el infierno, 
contrastan con el resto de personajes humanos del 
panel central, todos vestidos, todos pecadores, por 
voluntad propia, pues voluntariamente siguen al 
carro de heno. En este sentido, los personajes 
desnudos y arrastrados por las bestias hacia el 
infierno podrían simbolizar mártires, o santos. 
Por algo descendió Jesucristo a los infiernos, para 
de allí rescatar a Adán y Eva, y a los mártires, y a

los santos. En este sentido, podría interpretarse 
que el Bosco situó a Dios Padre sobre la 
gigantesca cabeza (112) del toro para que, de su 
posición, se pudiera inferir la naturaleza divina 
del personaje humano y desnudo, montado a 
lomos del otro toro, a las puertas del infierno .o 
hades., traspasado su pecho por la espalda, por 
una lanza en manos de una bestia y, aun así, vivo, 
cáliz en mano. El casco podría ser un símbolo del 
escudo de ángeles fieles que protegía a Dios 
Padre en el cielo del panel izquierdo, escudo que 
aquí se transformaría en casco para simbolizar 
una cabeza libre de pecado, por ser de alguien 
que no perdía la cabeza, por tenerla bien 
protegida. Porque, cuando el pecado entra en la 
cabeza, se pierde la cabeza, y la cabeza se 
convierte en fuente de pecado: de ahí quizá la 
forma humana, cabeza abajo, de las fuentes en El 
jardín de las delicias. 

La posición de Dios Padre y su reflejo, ambos 
sobre la gigantesca cabeza del toro (112), en la 
vertical de los ojos del animal, sugería una 
magnífica secuencia: la gigantesca cabeza (112) 
del toro, con ojos diminutos en los ángeles caídos 
.algunos ojos abiertos de estupefacción; otros 
cerrados de tristeza, como quien cierra sus ojos al 
pecado, rechazándolo y al mismo tiempo 
compadeciéndose de quienes pecan., los abre de 
par en par para mirar de frente (122) y con los 
ojos de Dios Padre al espectador; y es tanta la
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