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un espíritu que las impulsa a juntarse con quien no deben, en según qué circunstancias, desde el punto de vista humano. ¿Son, por ello, culpables de algún pecado las partículas? No, en ningún caso, pues desconocen la realidad humana: las partículas actúan movidas por las leyes de la naturaleza; sus asociaciones son locales, razón por la que una misma asociación es beneficiosa en unos casos y perjudicial en otros, para el ser humano. Las fuerzas que gobiernan las relaciones entre las partículas permiten asociaciones de partículas que son mortíferas para el ser humano, a corto, medio o largo plazo. Y es ahí donde interviene la mano del ser humano, guiada por el buen conocimiento, para deshacer las malas asociaciones en favor de las buenas. Aplíquese este cuento al individuo .la partícula. en sociedad .el cuerpo. y algo se podrá concluir, lógicamente. LA BUENA FE Si el buen uso de algo fuese bueno para el ser humano, y fuese malo su no uso, o su mal uso, ¿sería sensato, pudiendo usarlo, no usar ese algo, o usarlo mal? La respuesta es no, no sería sensato. Y no lo sería independientemente de lo que fuese ese algo, objetivo o subjetivo, físico o metafísico, real o imaginario. El agua es algo real, físico, objetivo, algo a lo que se puede señalar con el dedo y decir «eso es agua»; y su buen uso

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repercute para bien en el ser humano. Aquellos que creen en Dios y se sienten reconfortados al hacerlo, y con ello no hacen mal a nadie, por hacer buen uso de su fe, e incluso hacen bien a los demás, serían otro ejemplo de lo dicho, un ejemplo metafísico, por así serlo su fe. Sin embargo, no es fácil señalar con el dedo a un ente metafísico, a un Dios, para mostrárselo o demostrárselo a los demás, e incluso a uno mismo. Ocurre como con la vida: por más que digamos que una célula está viva resulta imposible señalar con el dedo dónde está la vida en la célula. Aun así, ninguna persona duda de que sus células estén vivas, tan vivas como lo está él mismo, de donde surge la inevitable comparación: ¿es consciente una célula de que está viva? ¿En qué grado es consciente una célula de lo que significa ser un ser humano? ¿Y en qué grado es consciente un ser humano de lo que significa ser Dios? Igual que el Estado fomenta el buen uso de lo que es bueno para el ciudadano y le protege de quienes pretenden destruir lo que es bueno para él, así ha de fomentar el Estado la buena fe y proteger al ciudadano de quienes pretenden destruirla, o aprovecharse de ella. Lo bueno, material o inmaterial, ha de ser protegido. Por eso resulta incomprensible, y hasta inadmisible, que

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