qué mejor forma de alcanzar tal objetivo que 
exhibirlas en horizontal? Pintura antiisotrópica, 
de exposición horizontal, y en tonos de grises 
.los del Guernica.: complemento perfecto al 
isotrópico, vertical y colorido Museo del Prado. 
Cuando Picasso pintó el Guernica y las otras 
sesenta y dos obras del Legado, sin duda pensó en 
el Museo del Prado, y en algunas de las obras que 
alberga; y hasta las reinterpretó. Pero, sobre todo, 
pensó en el suelo, en el suelo del Museo del 
Prado, en el suelo ante las grandes obras, en el 
suelo de los pasillos que interconectan a las 
grandes obras. Pensó, no en exponer sus obras 
colgadas de las paredes, sino incrustadas en el 
suelo, rendidas a los pies de los maestros. Picasso 
no pretendía quitarles el puesto a tantas obras que 
con esfuerzo y talento se habían ganado, a través 
de los siglos, su lugar en la pared. Picasso sólo 
quería besarles los pies a todas ellas, lavárselos 
como Jesucristo hizo a los apóstoles. «Amaos los 
unos a los otros, como yo os he amado, en esto 
reconocerán que sois mis discípulos». Picasso 
amaba al Museo del Prado, y quería que el mundo 
lo amara como él lo había amado. Picasso quería 
que el mundo amara y respetara a los maestros, 
que bebiera de ellos, que se pusiera a sus pies. 
Ese es el camino. Y para señalarlo, fue dejando 
un reguero de migas de pan en el suelo, migas de 
pan hechas obras. El Legado Picasso de 1981 
reclamaba para sí el suelo del Museo del Prado, el

suelo frente a las obras en las que se miraba, y de 
las que era reflejo. Ese debió de ser el verdadero 
deseo de Picasso, no me cabía ninguna duda. El 
Legado Picasso de 1981 sería así el ojo 
desorbitado del Reina Sofía .y del arte 
moderno., que se colaba en el Museo del Prado 
para contemplar a sus ancestros. Y tampoco 
parecía mala la interpretación opuesta, y 
especular, que convertía el Legado Picasso de 
1981 en el ojo desorbitado del Museo del Prado, 
un ojo que gritaba de horror al contemplar los 
fantasmas del arte moderno que poblaban el 
Reina Sofía. En este caso, las alas de cristal de los 
ángeles .ascensores al cielo., que protegían la 
fachada principal del Reina Sofía, anunciaban al 
visitante la buena nueva: una estructura de cristal 
que haría de suelo y bajo la cual se exhibiría el 
Legado Picasso de 1981. Las paredes servirían 
para exhibir réplicas de las obras originales, con 
sus reflejos y composiciones, junto a las réplicas 
de las obras en las que se inspiró. Y existían 
muchas otras soluciones al requisito de 
horizontalidad, como la de exhibir el Legado 
Picasso de 1981 en el patio interior del Reina 
Sofía, convenientemente remodelado. El 
Guernica quedaría en el centro, rodeado de 
gradas como en una plaza de toros, o como en un 
estadio de fútbol. Así se podría contemplar, y 
desde todas las perspectivas, la tragedia del 
enfrentamiento entre los opuestos. Y el resto de
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