Visnú, que como recompensa a su sacrificio le 
convierte en inmortal y le libera de sufrir 
enfermedades. Garuda también le concede un 
deseo a Visnú, que elige al rey de las aves como 
su medio de transporte personal. El ave guardián 
de los cielos prosigue su camino. De repente, 
aparece Indra, el rey de los dioses, que le lanza su 
todopoderoso rayo. Garuda ni se inmuta por el 
impacto. Indra asiste perplejo a la amable 
explicación de Garuda: «Mi plumaje me protege 
de todo daño. En una sola de mis plumas podría 
cargar con toda la Tierra, con sus montañas, 
bosques y océanos, e incluso contigo. Mi fuerza 
es tal que podría cargar sin fatiga con todos los 
mundos a la vez y sus objetos móviles y fijos». 
Indra queda tan admirado y convencido de que se 
encuentra ante un ser sobrenatural que le brinda 
al rey de las aves su eterna amistad. El hijo de 
Vinata acepta, e Indra le dice: «Si no tienes 
inconveniente, desearía recuperar el elixir de la 
inmortalidad; porque aquellos a quienes se lo 
dieras se convertirían en nuestros enemigos». 
Garuda le responde a Indra que hay una razón por 
la cual no puede devolverle el amrita: ha de 
liberar a su madre. Sin embargo, Garuda le 
explica a Indra cómo podría hacerse con el 
amrita: «En el momento que deje el amrita ante 
quienes contrajeron el compromiso conmigo, 
habré cumplido con mi parte del trato. En ese 
instante, y antes de que lo beban, podrás hacerte

con él». Indra se complace tanto al escuchar estas 
palabras que se ofrece a concederle un deseo. 
Garuda le pide a Indra que le permita alimentarse 
de las poderosas serpientes, hijas de Kadru, que 
retienen a su madre. «Que así sea», contesta Indra. 
Garuda vuela presto al encuentro con su madre. 
Al llegar, Garuda dice a las serpientes: «Aquí os 
traigo el amrita. Dejad que lo deposite sobre la 
hierba .kusa 8327.. Bebedlo una vez hayáis 
hecho vuestras abluciones y ritos religiosos. Y 
dejad en libertad a mi madre a partir de este 
instante, pues he cumplido con mi parte del trato». 
«Que así sea», responden las serpientes. En 
cuanto Garuda deja el amrita sobre la hierba, y 
las serpientes van a realizar sus abluciones, Indra 
se hace con el elixir de la inmortalidad y parte 
con él hacia el cielo. Cuando las serpientes 
regresan y ven que ha desaparecido el amrita, 
sucumben a la desesperación y comienzan a 
lamer la hierba sobre la que había sido depositado 
el elixir, hierba santa por haber estado en contacto 
con el amrita. Este proceder de las serpientes sólo 
tuvo un efecto: que su lengua, de una pieza, se 
partiera en dos al lamer la hierba, razón por la 
cual las serpientes tienen desde entonces lengua 
bífida. Y así termina la historia, con Garuda feliz 
junto a su madre, por fin libre. Y aunque fueron 
felices no comieron perdices, por ser Garuda el 

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