Walter dio a luz a Maya el 5 de septiembre de 
1935. 

En Escultura. Cabeza de Marie-Thérèse, justo 
tras el rostro femenino, se distinguía un 
rostro (10) masculino, de igual tamaño, y 
orientado hacia la izquierda. La cabeza de la 
mujer, ligeramente girada hacia su izquierda, 
sugería que las poses de espaldas del ave, y de la 
mujer que torcía su cuerpo, eran a su vez las 
vistas que de la mujer tenía e imaginaba el 
hombre (10), situado a espaldas de la mujer, cual 
artista tras su modelo. 

Una cabeza de hombre (11), de perfil derecho, 
de recta frente y recta nariz en el dedo moldeador 
de la conciencia, besaba la boca de Marie-
Thérèse. Y otra cabeza de hombre (12), de curva 
frente y curva nariz, fruncía en desagrado su 
entrecejo, en sentido opuesto, cual mal reflejo del 
bien. 

Y sobre los ojos esféricos de Marie-Thérèse, 
dos curvas sugerían otros dos ojos, derecho e 
izquierdo, cóncavo y convexo. Y el rostro, al 
alargarse, adquiría rasgos masculinos (13). Y los 
ojos se desplazaban y se unían en la larga arruga 
curva de la frente (14). Y al subir la boca hasta la 
uña de la nariz, se desdentaba, y el rostro 
envejecía (15). 

Escultura. Cabeza de Marie-Thérèse sugería 
una mano que prefiguraba la de Estudio de 
composición para Guernica II. Y era mano con

muñeca, en ambos casos. La mujer era una 
muñeca, bella y niña como una muñeca, como 
una hermosa patita de delgadas patitas (3), una 
patita muy mona, compañera del patito feo, de 
desfigurado rostro. 

Y la nariz también sugería un pene (16) en 
erección, dedo medio entre testículos, presionado 
contra el culo femenino. 

Escultura. Cabeza de Marie-Thérèse hablaba 
de sed de amor. Por eso, al darle la vuelta a la 
obra, al girarla ciento ochenta grados y dar así por 
concluida la doble travesía de cuarenta años a 
través del desierto de la ceguera, un camello 
metía su cabeza en la obra para saciar su infinita 
sed en el agua y jugosos frutos que la mano de su 
señor le ofrecía como maná. Y el camello miraba 
con labios de mujer; y veía labios de mujer; y 
miraba hacia sus labios: con el círculo en el labio 
superior miraba hacia el espectador (17); y con el 
círculo en el labio inferior miraba hacia abajo, 
hacia el agua (18); y entonces cerraba su ojo entre 
los labios, mientras bebía, del placer (19); y lo 
volvía a abrir sonriente, un poco más arriba, en la 
sombra (20); y volvía a cerrarlo complacido, en 
curva cóncava, más arriba (21). Y el camello 
bebía leche de mujer, directamente de sus pechos. 
Y los pechos eran fuentes de agua bendita, agua 
del manantial que calmaba la sed del mundo, 
agua que su señor le ofrecía en su mano. Y la 
virginal diosa del agua, tendida en la mano del
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