abortos, pues el sexo no conduciría a la 
reproducción, y solo se podría concebir un hijo 
con el pleno consentimiento de sus progenitores, 
que de buen gusto firmarían ante notario su total 
negativa al aborto, salvo en condiciones de 
absoluta excepcionalidad, como el riesgo cierto 
para la vida de la madre, si el embrión se 
implantara en su vientre. Quienes hoy defienden 
el derecho a la vida del embrión, incluso por 
encima de las arbitrarias ideas de la madre que 
quisiera acabar con él, colmarían entonces sus 
propósitos. Y quienes hoy defienden el derecho 
de la madre a decidir, incluso por encima del 
derecho a la vida del embrión, también colmarían 
los suyos. Extremos opuestos. Fusión de 
contrarios. No hay nada contrario a natura cuando 
se actúa en favor de la vida, aunque solo sea para 
salvar la vida de una sola célula, tanto más si es 
de billones de ellas, unidas en un ser humano, 
niño, adulto, anciano, sano o enfermo, capacitado 
o discapacitado; porque más importante que vivir 
es respetar la vida. Un embrión no deseado, ¿qué 
culpa tiene del sufrimiento que le causa a sus 
progenitores? Ninguna; porque la causa del 
sufrimiento reside, no en lo que el embrión es, 
sino en lo que el embrión no es: el embrión no es 
consciente del sufrimiento que le causa a sus 
progenitores. Y, aunque lo fuera, el sufrimiento 
causado no sería culpa suya, pues no se creó a sí 
mismo, sino que fue creado por sus progenitores,

que son quienes ahora le acusan. El embrión no 
sería culpable, sino víctima de sus progenitores. 
Ellos lo hicieron, conscientes de las 
consecuencias, por lo que la culpa es suya y solo 
suya, de los progenitores. Los responsables del 
sufrimiento son ellos y solo ellos, o mejor dicho, 
el responsable es lo que ellos no son, por su 
ignorancia; porque tampoco ellos se crearon a sí 
mismos, que si se hubieran creado a sí mismos tal 
y como ellos hubieran querido crearse se habrían 
creado de manera que esto nunca hubiera 
ocurrido. Por eso Dios sufrió y murió al dar vida 
al mundo. Murió del sufrimiento que su inocente 
criatura le causó, pero por razones opuestas: 
murió al experimentar en su corazón, en su mente 
y en su alma el sufrimiento y la muerte que habría 
de sufrir y morir su Creación, para alcanzar la 
gloriosa vida eterna. Si la paga por el pecado es la 
muerte, no lo es menos la paga por el amor, pero 
por razones opuestas. Y así será que la penúltima 
Persona en ser resucitada será la Madre del Hijo 
de Dios, María, y la última será Dios Padre, 
José 7960,7961,7962,7963,7964,7965,7966,7967,7968,7969: los 

7960 Nota: 31/10/2014 

Malaquías 4, 5-6 vatican:[Malaquías 3, 23-24]:[español latín] 

latinvulgate mechon-mamre:[Malaquías 3, 23-24] biblos 

Mateo 1, 19-24 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

Mateo 13, 54-58 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

Marcos 6, 1-6 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

Lucas 1, 37-38 vatican:[español latín] latinvulgate biblos 

Lucas 4, 16-24 vatican:[español latín] latinvulgate biblos
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