Y la solución existe, pues siempre existe una 
solución. Y todas las partes serán conscientes de 
que la solución existe en cuanto la conciban. Y 
todas las partes llegarán a un acuerdo, pues la 
solución contentará plenamente a todas las partes. 
En eso descubrirán los mecanismos de la verdad 
divina, protectora de la vida. ¿Tiene un óvulo 
fecundado más derecho a la vida que un óvulo sin 
fecundar, o que un espermatozoide? A fin de 
cuentas, tanto el óvulo fecundado como el óvulo 
sin fecundar y el espermatozoide son células 
vivas, portadoras de vida, imprescindibles para la 
vida. ¿Es acaso lícito que tantos espermatozoides 
tengan que morir para que uno solo de ellos 
fecunde al óvulo? ¿Es lícito que tantos óvulos 
tengan que morir, en la menstruación, por no ser 
fecundados? «Así es la naturaleza», dirán muchos 
buscando una razón para excusarse. Es natural. 
Pero, ¿y si fuese posible cambiar la naturaleza 
humana para que algo así no ocurriera, 
suprimiendo por completo la producción de 
espermatozoides y óvulos, y extrayendo o 
generando .llegado el momento, elegido por la 
pareja. un espermatozoide, a partir del hombre, 
y un óvulo, a partir de la mujer, para generar el 
óvulo fecundado e introducirlo en el vientre de su 
madre, para la gestación, o en un vientre 
artificial? Si algo así fuese posible, sin ningún 
riesgo para la salud, ya no morirían más óvulos 
sin fecundar, ni espermatozoides, ni habría más

abortos, pues el sexo no conduciría a la 
reproducción, y solo se podría concebir un hijo 
con el pleno consentimiento de sus progenitores, 
que de buen gusto firmarían ante notario su total 
negativa al aborto, salvo en condiciones de 
absoluta excepcionalidad, como el riesgo cierto 
para la vida de la madre, si el embrión se 
implantara en su vientre. Quienes hoy defienden 
el derecho a la vida del embrión, incluso por 
encima de las arbitrarias ideas de la madre que 
quisiera acabar con él, colmarían entonces sus 
propósitos. Y quienes hoy defienden el derecho 
de la madre a decidir, incluso por encima del 
derecho a la vida del embrión, también colmarían 
los suyos. Extremos opuestos. Fusión de 
contrarios. No hay nada contrario a natura cuando 
se actúa en favor de la vida, aunque solo sea para 
salvar la vida de una sola célula, tanto más si es 
de billones de ellas, unidas en un ser humano, 
niño, adulto, anciano, sano o enfermo, capacitado 
o discapacitado; porque más importante que vivir 
es respetar la vida. Un embrión no deseado, ¿qué 
culpa tiene del sufrimiento que le causa a sus 
progenitores? Ninguna; porque la causa del 
sufrimiento reside, no en lo que el embrión es, 
sino en lo que el embrión no es: el embrión no es 
consciente del sufrimiento que le causa a sus 
progenitores. Y, aunque lo fuera, el sufrimiento 
causado no sería culpa suya, pues no se creó a sí 
mismo, sino que fue creado por sus progenitores,
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