caballo I .a las 12., pata (7 y 100, 
respectivamente), no en vano aparecía la pata (8 y 
26, respectivamente), hembra del pato, con pico 
en la lengua equina. La boca sugería la herradura. 
Y la lengua sugería un objeto punzante, fuente del 
dolor, clavado en la pezuña. Herrar es humano, 
para con los animales. Y tampoco se podía 
descartar que la pata estuviera rota. Mala pata. La 
pata rota, la que conduce al equino al sacrificio, 
se fundía en una misma imagen con la cabeza 
sufriente por la pata rota, expresión que también 
apelaba a la rotación y al retorcerse de dolor. El 
movimiento de traslación de quien mira 
alternativamente la cabeza de un caballo y su pata 
rota, en el mundo real, se transformaba así en 
movimiento rotativo, en imagen rotativa, en 
rotativa de prensa, de noticias puntillosas, nacidas 
para crucificar, para matar a traición y por la 
espalda. 

La imagen insistía en la idea de extremos 
opuestos y fusión de contrarios. La naturaleza, 
siempre sabia, empuja al ser humano hacia la 
unión de extremos opuestos, hacia la fusión de 
contrarios; porque es allí donde esperan las 
soluciones a los grandes problemas de la 
humanidad, por tener la solución que contentar a 
extremos opuestos. La verdadera solución a 
problemas morales tan antiguos como el aborto, 
la anticoncepción, o el control de natalidad, no lo 
será si no contenta a todas las partes implicadas.

Y la solución existe, pues siempre existe una 
solución. Y todas las partes serán conscientes de 
que la solución existe en cuanto la conciban. Y 
todas las partes llegarán a un acuerdo, pues la 
solución contentará plenamente a todas las partes. 
En eso descubrirán los mecanismos de la verdad 
divina, protectora de la vida. ¿Tiene un óvulo 
fecundado más derecho a la vida que un óvulo sin 
fecundar, o que un espermatozoide? A fin de 
cuentas, tanto el óvulo fecundado como el óvulo 
sin fecundar y el espermatozoide son células 
vivas, portadoras de vida, imprescindibles para la 
vida. ¿Es acaso lícito que tantos espermatozoides 
tengan que morir para que uno solo de ellos 
fecunde al óvulo? ¿Es lícito que tantos óvulos 
tengan que morir, en la menstruación, por no ser 
fecundados? «Así es la naturaleza», dirán muchos 
buscando una razón para excusarse. Es natural. 
Pero, ¿y si fuese posible cambiar la naturaleza 
humana para que algo así no ocurriera, 
suprimiendo por completo la producción de 
espermatozoides y óvulos, y extrayendo o 
generando .llegado el momento, elegido por la 
pareja. un espermatozoide, a partir del hombre, 
y un óvulo, a partir de la mujer, para generar el 
óvulo fecundado e introducirlo en el vientre de su 
madre, para la gestación, o en un vientre 
artificial? Si algo así fuese posible, sin ningún 
riesgo para la salud, ya no morirían más óvulos 
sin fecundar, ni espermatozoides, ni habría más
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